¡Felices 10, RAMONA!


10 años de la RAMONA

Para un lector hedonista como vuestro servidor, hojear una década de la RAMONA es encontrar el registro generoso y equilibrado de una vibración cultural que no se estanca, que crece, desarrolla y abre al mundo, pese a los indicadores socioeconómicos, la pachorra tercermundista que se refleja en un fútbol mediocre y un reducido espacio en la cultura globalizada y, sobre todo, pese a la siempre renovada necedad de los políticos con su incapacidad de mostrar grandeza al momento de dar un vuelco a la historia. Soy un chileno que ama a Bolivia y una década de lectura de la RAMONA me llama a decir, con mar o sin mar (sobre todo si eso se vuelve un slogan vacío para perpetrarse en el poder), que Bolivia es para mí un fascinante hervidero de actividad cultural y me alegro de haber contribuido, quizás a contrapelo de las modas, en mantener viva la llama de la curiosidad y la reflexión… ¡Litoral para Bolivia! aprovecho de estampar, pónganle mi firma.

Bartolomé Leal – Escritor chileno


Testigo de la fundación

Tengo dos motivos grandes para felicitarles por todo: 1) Yo he sido testigo, físico, de la fundación de la revista. Presencié el momento en que los fundadores se reunían en el café Casablanca, luego fuimos a El Prado, pedimos un par de chelas, y luego “celebramos”.

2) Luego ustedes hablaron, y mucho, del contenido del primer número. Al final salió que el primer número debía ser cabrón. El primer número de la RAMONA llevaba el casco de la más cruda película de Kubrick: Full Metal Jacket.

Fue alucinante. Nadie en la periodística histórica de Cochabamba se atrevió a tanto.

Richard Trewhella – Músico y filósofo


Abrazo

Un abrazo enorme a RAMONA cargado de agradecimientos por su permanente acompañamiento a la actividad cultural. Le deseo, por de pronto, otros diez años plenos de periodismo cultural, plural y democrático, siempre capaz de dar cabida al individuo o al colectivo creador.

Gonzalo Lema – Escritor


Una hazaña

Felicidades, querido Sergio, y también a los cumpas que publican en Opinión. Diez años es un montón de tiempo. El hecho de haber logrado que el  suplemento cultural RAMONA sea reconocido a nivel nacional y en varios países de habla hispana, es una hazaña. No hay cosa más linda que mirar hacia atrás, recordar los inicios de lo que ahora es un gran proyecto cultural. Me alegro que lo celebren con bombos y platillos, se lo merecen, y, gracias por incluir a los cambas y chapacos, al fin y al cabo, los momentos de gran felicidad se celebra con la familia y amigos. Abrazos a todos.

Sarita Mansilla – Escritora y Presidenta de la Cámara del Libro de Santa Cruz


En la senda de Galeano

Este dramático e insolente abril se llevo a Eduardo Hugues Galeano, el gran pensador uruguayo, con sus 74 años bien vividos. Estaba evitando escribir sobre él, por puro respeto nomás, porque la palabra (escrita o hablada) para Galeano debería ser estrictamente necesaria, él prefería el silencio. Le costaba tanto escribir que escribía 20 veces el mismo libro hasta sacarle toda la grasa y que quede la carne plena. Puro rigor.

Eduardo ha debido ser un muchacho interesante, genial, insurrecto. Deja el colegio para dedicarse a escribir, leer y pintar. Pero no solo eso. Laburante desde adolescente, sindicalista precoz, a los 14 ya se ganaba los pesos con varios oficios,  hasta cajero de banco fue. Ser autodidacta del nivel de Galeano no ha debido ser fácil, luego del laburo se tragaba bibliotecas enteras con litros de café. Entrando a los 20 es nombrado editor del histórico semanario Marcha, sustituyendo nada menos que al gran Onetti. Me imagino todo lo que tuvo que leer en su digito dos para poder sacar a los 31 años Las venas abiertas de America Latina, semejante obra monumental de economía política que ya plasmaba sus riesgos por la originalidad. Los ortodoxos no entendieron la obra, no le dieron ningún premio. Entonces, más que seguir en bibliotecas, Galeano decidió escuchar a la gente, al latido de las calles, a la sabiduría de la tradición oral, aprendiendo de los pescadores colombianos un verdadero paradigma: el sentipensante. Unir la razón y la emoción para expresarse, ejercer el lenguaje que dice la verdad, significar en los demás, contar historias chiquitas y reveladoras de la historia grande, máxima expresión de la síntesis, optar por los nadies, por los desvalidos, ellos tienen historias que narrar.

Entonces la vida le viene con rumbos de angustia, llegan las dictaduras militares asesinas, cae preso, los milicos lo tienen fichado. Sale urgido del Uruguay porque no le gusta estar preso, llega a Buenos Aires y también sale obligado porque a Eduardo no le gusta estar muerto. El exilio para el charrúa no es el lloriqueo aquel, lo define como el Plan Cóndor al revés, la solidaridad creando redes. Y esto de “al revés” es vital en él y en su obra, es la contradicción, prueba de que estamos vivos, pulmón de la historia. Y la paradoja, ese espejo de una realidad difícil de definir. Por eso hay que inventar palabras, como bobalizacion, sentipensante, democradura y tantas otras que definen mejor esta vida discordante: galopador de la crisis de los conceptos, se anima a  definir con luz propia nuestra maravillosa y sudaca existencia.

En el exilio catalán vuelve otra vez la disciplina y la obsesión del tremendo autodidacta, su pajlita ilumina bibliotecas públicas pariendo una obra monumental de 1.000 páginas en tres tomos que nunca terminaré de leer: Memorias del fuego. Si no salía al exilio nunca hubiera escrito este mamotreto, dice, siempre anti solemne, siempre sincero y frontal. Por eso tal vez el poder no lo quería mucho, por frontal, basado en aquella frase: el amigo siempre te dirá los defectos en la cara y las virtudes por la espalda. En consecuencia, su voz es crítica con la izquierda de manuales: no hay que confundir unidad con unanimidad. Pero eso sí, jamás en nombre de la crítica abandona la utopia, aquel socialismo humanista, lleno de substancia y desconcierto. Siempre enemigo del capitalismo, de los grandes banqueros, decía que el mundo está dividido entre los indignos y los indignados.

Me encanta el Libro de los abrazos. Sorprende saber que lo escribe en los últimos años del exilio, sorprende saber que le da un infarto a los 44 años justo antes de retornar a Montevideo luego de 12 años de ausencia obligada. Con el retorno, llegan 15 años de la democradura, los traidores se la cascan a la democracia conquistada con muertos y torturados. Sin embargo, contra todo pronóstico de los entusiastas del fin de la historia, Galeano no muere ni solo ni triste ni decepcionado. Muere en plena militancia por la vida, rodeado de hijos, de amigos, de marchas populares, muere en victoria. Con el Frente Amplio gobernando, con un extupamaro de presidente, con el entusiasmo en las calles, con el ALBA floreciendo. El Frente Amplio se alimenta de tres cosas, dice: amor al país, la independencia es posible, amor a los desamparados. Llega el renacimiento de la alegría y la resurrección de la fe. Galeano muere renacido, poblado de fe, más bien vive por siempre y todos los días en nosotros. Apóstol de los obreros, memoria de los más pobres, se va nomás porque para acercarse hay que alejarse. Por suerte están sus libros y sus entrevistas televisivas, lecciones de lucidez y dignidad. No importa ganar, lo importante es responder a tu conciencia, enseña. El amor es infinito mientras dura, dice en metafísica popular. Estaba evitando escribir sobre él, por puro respeto nomás, aunque estoy seguro de que leerá estito en el infinito y me regalará una sonrisa.

Esta cosita le dedico a mi querida RAMONA, por sus 10 años de vida en la senda de Galeano.

Manuel Monroy Chazarreta, El Papirri – Músico y cronista


¡Ay, Ramona!

El periodismo siempre está en constante evolución, mucho más ahora que la dinámica digital y tecnológica nos obliga y permite acceder a la información de manera rápida y distinta a la de un medio impreso, como lo era en los tiempos de nuestros padres, sino abuelos.

Esta aceleración informativa ha incursionado en todas las áreas y géneros periodísticos, no quedando exentos de estos cambios los suplementos culturales, que tradicionalmente son las áreas que primero vuelan en tiempos de crisis y reducciones. Antes, la presencia de un buen suplemento cultural era una condición obligada, es más, se impulsaba cierto grado de especialización en su tratamiento y propuesta.

Con el tiempo este oficio dentro del oficio se fue perdiendo, tanto que se convirtió no sólo en un relleno, en una excusa para contrabandear en ella lo banal, la farándula y el espectáculo. Tanto han mutado estas épocas que se considera como “raro” que un periódico tenga un buen suplemento cultural, exigente y además que produzca sus contenidos, no limitándose a la asimilación de textos foráneos a la realidad cultural, sino que responda a su entorno artístico sin que esto signifique la glorificación de actores culturales locales sólo por el hecho de transitar culturalmente sin hacer incidencia real.

La RAMONA, por supuesto, se halla en esta línea, es un espacio privilegiado en el universo cultural periodístico no sólo de Cochabamba, también del país. Supo sortear las fronteras locales para calar con voz propia en otros espacios donde no sólo es puente, sino puerta de ingreso. Pasa entonces a ser una propuesta para ser defendida, respetada, valorada y sobre todo celebrada. ¡Ay, Ramona! Qué cumplas años felices.

Victor H. Romero – Escritor y periodista


La RAMONA de propios y extraños

Me dijeron que era propia de una ciudad extraña. Que ella se posaba sedente con ínfulas dominicales ante la esparcida mirada de jumentos de encarnan la viva rutina de la sociedad.

Incluso decían las voces suaves que es una coqueta. Rumores conspicuos  la reclamaban constreñida e incluso consternada. Pero no deja de hacer lo suyo cuando se mese en las manos de los que la poseen y acarician, aunque sea por encima, sin dejar pasar a alguno que se posa junto a ella en conversaciones infinitas y anónimas.

Dijeron que era un gusto aparte. En el fondo todos la buscaban. Sabían pocos el porqué. Pero alguno caviló que las exageradas palabras encuentran su razón en su simple existencia; silban los vientos que la buscan porque ella despierta instintos, que rayan entre la consternación y la empatía.

Con ella solo puedes llevar una relación complicada, ya diez años. Me gusta mucho, a veces.

Decían, lenguas muy largas, que había salido con personajes de moral ligera, que gustaba de ritmos profanos, incluso algún gorrioncillo copetudo cantó que cayó en la apología de la cultura. Dicen, los más románticos, que su voz es la más dulce. Ahora mucho quisiera decir pero me veo obnubilado.

Tal vez, lo que quisiera resaltar es que arma mucho alboroto para un solo día. Tal vez, debiera salir todos los días.

Camilo Albarracín Zelada – Escritor y comunicador


Pasión y lealtad

Destaco la pasión y lealtad con la que veo que diriges tu designio periodístico, y la función de servicio social que pones en ella, por encima de cualquier tendencia viniere de donde viniere. Algo más que extraordinario en este mundo tan sujeto a todo, menos a la convicción.

El equipo de la RAMONA avanza firme y sin condescendencias, celebrando desde su corazón estos 10 años que deben dejar un sabor que no se puede comprar; un sabor que sólo te lo puede otorgar 10 años de convicción cumplidos.

Un abrazo fuerte de tu admirador.

Piraí Vaca – Músico


Lo siguiente fue confundir costumbre con pereza

En lo que va del 23 de abril he recibido más felicitaciones que el día de mi cumpleaños. Sé que mis amigos no son mis clientes y, por otro lado, tengo cada vez menos amigos (sumo conocidos a diario, eso sí). Son casi cinco años los que pasaron desde que decidí cambiar de oficio. Lo siguiente fue confundir costumbre con pereza, quizá. No sé, entonces, si tenga derecho a reclamar que las ferias del libro (no las ferias de editoriales y librerías) vuelvan. Yo, sinceramente, no saldría con cada convocatoria que me hagan. Llevar, ¡además de libros!, tarima, lona, silla y mesa… No sé, no sé (¿pereza?). Estoy dentro de un anaquel que no llega a los cuatro metros cuadrados de superficie, pero es acá que me siento cómodo. Los impuestos municipales no son altos, la gente deja su email para recibir el catálogo, ¡y expongo los libros que he leído o quisiera leer! (¿costumbre?) ¿De qué serviría exponer mis libros en una plaza si la subalcaldía o la universidad no generan condiciones? Montón de libros están en Internet. Aquel que quiere leer no tiene excusa, no en esta ciudad; ni en esta ni en cualquier otra… Por el día mundial de BookCrossing, anteayer, una vez liberado el lote de libros, dos niños que limpian parabrisas se llevaron dos títulos. Minutos después  pude ver cómo jugaban con uno de los libros y, literalmente, lo hacían pelota. Eso fue poético, más que sus palabras de agradecimiento, más que mi “Deseo que lean” (¿costumbre o pereza?). Pregunto: ¿Leer es acaso acción que depende estrictamente de un objeto llamado Libro? Pago, bien o mal, mas no respondo. Sostengo en manos los libros que ya no están en el librero. Sostengo: (1) El que quiere leer a un escritor en específico puede reemplazarlo por otro que, quién sabe, hasta termina siendo mejor. (2) Todo aquel que quiere una sugerencia me busca o no, y, si no quiere gastar mucho, tiene allí a la mesita de saldos. (3) ¡Al carajo con el día del libro!

Alexis Argüello Sandoval – Librero


¡Felicidades RAMONA!

Tengo muchas cosas buenas que decir sobre la RAMONA, creo que como suplemento de cultura es el más interesante de esta ciudad, claro que no hay tantos, pero en la RAMONA se nota que hay cojones para escribir y se nota que además hay criterio, muy buena combinación. Los felicito y espero que sigan trabajando mucho, mucho y durante muchos años más y que los cojones vayan creciendo y el criterio se fortalezca.

Ahora, siguiendo con el espíritu ramonesco, tengo una preguntita de la semana para los editores del suplemento, ¿Será que además de las discusiones sobre calidad y estética, (que son absolutamente necesarias) se podría abrir discusiones sobre la “chacota cultural”?

Es decir, entre los artistas las cuestiones de ética siempre andan flojas, como ejemplo no más, pongo a un grupo de teatro ganador de un fondo concursable, que incluye a uno de los jurados, que les otorgó el premio, en su elenco… Algo huele mal ¿no? Ahí les dejo la sugerencia, por si se puede abrir un espacio de reflexión sobre estos asuntillos en su suplemento. Y ¡muchas felicidades!

Claudia Eid – Directora de teatro y periodista


Un lugar indispensable

No existe nada diferente y preparado para replicar. Ante la suma de soberbias, fantasmas luchan por vencer al inesperado. Acuso a la preferencia y a los privilegios. Me pregunto si todo esto es una asistencia a la feria del pueblo. Pretenden desconocerse los conocidos, no mostrarse como miembros del club.

Los espacios de intercambio de bienes culturales deben ser equilibrados. Caso contrario estarán subordinados a la élite. Acercarnos a la contracultura. Intercambiar símbolos. Utilizar dispositivos artístico-culturales para generar cambios, construir espacios plurales donde los desconocidos, los visitantes, los extraños se encuentren. Leamos las calles y espacios públicos. Entender la industria cultural y modificarla desde adentro.

Festejo y abrazo los diez años de este suplemento. La RAMONA es un lugar indispensable. Vayan por más.

Grillo Villegas – Músico


La RAMONA desde el retablo titiritero

“Vine porque lo leí en la RAMONA” es la frase que habitualmente escuchamos de los asistentes a los festivales de títeres de los últimos años.

Con absoluta certeza -después de haber transitado las más importantes hemerotecas del país, en la afanosa búsqueda de información para recuperar la memoria histórica de los títeres en Bolivia- es en la RAMONA donde se encuentra la mayor cantidad de referencias. Y no sólo son pequeñas notas de anuncio de algún acontecimiento o menciones desganadas en la agenda cultural. Hay más que eso: portadas dedicadas al quizás más importante evento titiritero del país -el Festitíteres-, reseñas de las publicaciones que tocan esta temática, comentarios de espectáculos, significativos reconocimientos a la labor de recuperación y difusión de esta expresión artística.

Entonces, sentimos enorme alegría y pena -al mismo tiempo- por este décimo aniversario de esta RAMONA que tiene la facha de una ventana/espejo cultural.

Alegría porque está aquí y en ella (en la RAMONA) nos sentimos reflejados, acogidos, apañados, acompañados, protegidos, “atrincherados”, al lado de otros que -a veces- son muy diferentes a nosotros pero que comparten un mismo enemigo o un mismo destino.

Pena porque no estuvo antes… porque no estuvo nadie.

Títeres Elwaky


Un lindo ritual

Hace un poco más de cinco años llegué a Cochabamba con mucha curiosidad acerca de la cultura y sus actores en esta ciudad. Comenzar a vivir en una nueva ciudad fue para mí un aprendizaje que tuvo sus cómplices desde un principio y a ellos/as les agradezco. Recuerdo muy bien que mi primera actividad cultural fue bastante dura por razones obvias, conocer el medio, el público, los contactos logísticos y demás. Ese esfuerzo fue recompensado cuando encontré  una nota periodística que me sorprendió, a través de un lenguaje claro, fuerte, y lo más importante, fue elaborada por periodistas que asistieron a mi evento. Esto me marcó y me animó mucho. Es por ello que agradezco a la RAMONA, que a partir de allí apoyó las actividades que he realizado publicando notas, críticas y anuncios en agenda cultural. Buscar ansiosamente el suplemento cada domingo se convirtió en un lindo ritual. Gracias por su apoyo cultural, por las palabras escritas, por el regalo dominical.

Sofía Orihuela – Gestora cultural


¡Larga vida Ramona!

¡Larga vida Ramona! Que cumplan 10 años 100 veces más (y que el mundo dure para presenciarlo). Estoy seguro que pocos suplementos fueron tan generosos y desprendidos con la producción cultural en la historia del periodismo de Bolivia y que, como casi ninguno, no encasilló sus páginas en sus filias y fobias personales. Sólo eso es suficiente motivo para brindar y esperar ansiosos cada domingo durante los próximos 10 años. Que no se muera nunca esta trinchera que rema a contracorriente y que tantas veces derrota a las agendas mainstream de sus parientes. Salud a todos mis amigos y cómplices. Sigan siempre soñando y arriesgando. Total, locos ya estamos

Boris Iván Miranda – Periodista


Las condiciones del periodismo cultural

Una vez le pregunté a Jesús Urzagasti por su faceta como periodista cultural, y me respondió con una genialidad: “las condiciones para hacer periodismo cultural en el país son tan tan malas, que en cierto momento dan vuelta al círculo por completo, es decir, llegan a ser muy muy buenas… hay que saber leer ese mínimo momento”.

Otro maestro del periodismo de arte y cultura, don Germán Araúz, me contó hace mucho muchos años que estaba de acuerdo con lo que dijo el Gabo, que el periodismo es el mejor oficio del mundo, y que un plus aún mayor era hacer periodismo cultural, pues no hay mejor manera de acercarse y vivir la literatura, la música, las artes plásticas.

A seguir disfrutando de-con-por la RAMONA.

Martín Zelaya Sánchez – Periodista cultural


Un gesto de cariño

Saludos y felicidades en su décimo aniversario al equipo de la RAMONA, amigos que con su trabajo dedicado, crítico y receptivo, han conformado uno de los suplementos culturales más serios del país, un espacio donde el cine, la música, el teatro y la literatura, sobre todo bolivianas, encuentran comentaristas rigurosos, conocedores y conscientes de que el periodismo cultural es un lenguaje que vale la pena y que, en nuestro difícil medio, necesita ser reivindicado constantemente mediante un esfuerzo que puede leerse también como un gesto de cariño: la atención constante -que dura ya una década- a lo que sucede en y con el arte hoy. ¡Que vengan los siguientes diez!

Sebastián Antezana – Escritor


Caprichosa y lúdica

Siempre que escribo en la RAMONA o que escriben sobre mis neurosis azules (mis pelis, mis cortos, mis talleres, mis producciones, etc.), aprecio al suplemento como un bambinesco y entrañable regalo navideño. Incluso la utilicé como una instalación, llegando a ser el tapete del Ekeko que tenemos con la escritora Cecilia Romero en nuestra casa en Bolivia, o para ser parte de una foto en el Imagine Memorial en Central Park de Nueva York. La RAMONA, la definió uno de sus fundadores, Andrés Laguna, como caprichosa y lúdica. Son precisamente esas dos “características”, las que más me gustan. Siempre dije y escribí lo que se me dio la puta gana, acompañado esas ganas de catarsis que me dan los medios (uno de mis grandes deportes/y/o hobbies). Uno de mis mejores amigos es Sergio de la Zerda, el editor de la RAMONA. Escribir para él o que él escriba sobre mí, es como si nos reuniéramos una vez al mes para jugar cacho en la Casa de Campo, o como ir a un babyshower de su hija Maya. Con algunos de los otros editores de la RAMONA hay una relación espinosa, pero, bueno, nadie es perfecto. Jamás me pagaron un peso por escribir nada y ese es uno de los placeres anti-neoliberales que más disfruto.

Juan Cristóbal Ríos Violand – Cineasta


Como la “rendija”

Tener la posibilidad de una “rendija”, para que a través de ella pueda fluir algo de crítica o de información, en tiempos en los que éstas importan muy poco, es tener la posibilidad de seguir cantando a coro, entre unos cuantos “ramones”, la canción de Víctor Heredia: “Todavía cantamos”, porque “todavía esperamos”. Esperamos la crítica, esperamos el debate, esperamos la autoconciencia, esperamos la esperanza y esperamos el paso más allá… en dirección a las utopías.

Poder argumentar; en tiempos en los que en el campo político fetichizado se impone la prebenda, por encima de los argumentos y, en el campo académico, la matonería se ocupa de fabricar cartones, mientras la mediocridad ignorante se disfraza en “pomposas” colaciones de grado; es seguir creyendo en la locura de “El Necio” de Silvio, porque junto con él pensamos que “estos años son el pasado del cielo”, ya lo dejó grabado Mario Gutiérrez (Rupahy): “Uka jacha uru jutaskiwa” (ese gran día está llegando).

A la RAMONA y a sus “culpables”, gracias por estos diez años que, domingo a domingo, tozudamente, han mantenido esta rendija periódica en nuestra “llajta” boliviana, gracias por ser esta pequeña posibilidad que permite compartir sus sueños con los nuestros, gracias por el lugar de encuentro entre los que todavía acariciamos el sueño de las transformaciones, de los amores sin límite, de los colores y de las melodías de la vida.

Javier Reynaldo Romero Flores – Investigador


Un movimiento generacional

Sólo sé que le decimos “La” RAMONA; pero en el logo oficial del suplemento el artículo no precede al nombre. Es que, como a La Negra Tomasa, queremos tanto a la RAMONA que ya le tomamos confianza, confianzudos como somos. Diez años no pasaron en vano.

Si tuviera algunas críticas que interponer sobre este suplemento cultural del que me siento parte, se las diría inbox a Sergio y Santiago, sus editores; pues son banalidades mías que no merecen verse en el muro.

Lo que debo remarcar con letras de grafiti en todo el manzano es que RAMONA infringe todo lo existente, y ese mérito a estas alturas de la crisis del proceso de cambio es una necesidad pública de primer orden, para avanzar y no retroceder.

No es sólo un suplemento en las ediciones dominicales de Opinión. Es un movimiento generacional que aplaudo desde mi acera, y como voz plural y pluralista de estos changos que reivindican conmigo la memoria de Cesáreo Capriles, le pone palabra a la conciencia crítica y hace fluir esa corriente de reforma ética y estética que tanta falta hace en nuestra comunidad.

La RAMONA, osada como es, rompe los tabúes que no podemos romper en espacios convencionales, por ejemplo dando curso a los memorables putazos del Xavier Jordán o poniendo en evidencia todas las imposturas que nos rodean; estamos rodeados, inclusive en las antesalas del cine Center.

Celebro los diez años de esta experiencia de periodismo cultural, con la convicción plena de que la Ramonita vino para quedarse. Felicidades camaradas.

Wilson García Mérida – Periodista


Con chela k’aima

Hermanos y hermanas Ramones, desde el lugar de la cultura, desde aquí, desde el lugar del culto a la armonía, brindo por ustedes aunque con k’aima cerveza gringa, porque la armonía y el gringo gustan del atemperado disturbio, la chela sin gracia y las minitas que no saben apapachar. Alguien me dijo que el gringo no festeja porque aquí las wawas no crecen, se hacen viejas apenas comienzan a caminar. Lo nuestro es más bien el hartazgo excesivo de esas ganas de festejar: la cultura, esa que se nombra también porque ustedes la hacen nombrar. Creo que sólo desde la cultura se asumen ciertas urgencias de piel y profundidad, urgencias de contacto y desafío. Es desde ese lugar, donde la forma diseña posibilidades de voces conectadas y formas que son necesidad de colores, de fiesta, de cuerpos, donde los grises están proscritos y ciertamente lo único prohibido es no tocar, al otro, convertido en silueta femenina de baile en contornos de sensualidad. Que sea entonces éste un abrazo a los amigos de siempre, a mi hermano Sergio, Andrés, Santiago, a todos, por sus diez años de ser en aquella forma, desde el lugar de la cultura; y que no sea kencherío brindar con cerveza k’aima; que valga por Paceñita, misturas y cohetillo, porque la wawa está creciendo, en la piel, en la forma y el contacto, y no se hace vieja caminando sino muchas innumerables formas de magia en el inagotable festejo de la alteridad. ¡Salud!

Javier Velasco Camacho – Literato y abogado


Edad perfecta

Edad perfecta. La RAMONA es lo suficientemente joven para seguir apostando con esa maravillosa fe a prueba de crisis por el tuétano de la cultura. Su amor incondicional por el cine y la gran importancia que la dan a la poesía hacen de este espacio una poderosa máquina de imaginación, es decir, una trinchera para seguir resistiendo. ¡Felicidades!

Giovanna Rivero – Escritora


Felicidades RAMONA

10 años RAMONA. ¿Quién lo hubiera pensado? Han pasado rápido. Supe de ti en cuanto apareciste, se veía ya que habías nacido para matar fascistas a puño y letra. Te conocí de cerca a tus dos años, cuando conocí a tu madre y a tus hermanos… Extraña constelación familiar guía tu sino. Siempre que oigo de vos me retumba tu nombre. Me estremece RAMONA. Es una metáfora viva, llena de intuición, de vida. Así de vivo e intuitivo, tu nombre se configura y re-configura constantemente en una infinidad de representaciones, de mundos. Tu nombre parece estar cerca de los sentimientos más vivos, cerca de los estremecimientos de la infancia que he mitificado. Me suena a cuando tenía cinco años, cuando todo parecía siempre diverso, irregular cambiante. Tu nombre está vivo, en movimiento, lejos del anquilosamiento que provocan los años. La naturaleza de tu nombre es sensible como el mundo.

RAMONA: pienso en mujeres dominantes, exigentes y mandonas. Huelo en tu nombre los ramones con que los pastores alimentan a sus ganados en tiempo de sequía. Pienso en el Che. Me entristezco viendo ramones podados morir lentamente. Imagino animales ramoneando por montes de bienaventuranzas. Siento en RAMONA el eterno femenino, el abrigo de las mujeres protectoras. Palpo la suave amabilidad, presiento la cordial condescendencia. Escucho en tu nombre sagacidad, ironía, persuasión y consejos. Veo mujeres misteriosas expresarse originales, íntegras. Veo madres de delicadeza desbordada. RAMONA: pienso en las labores manuales, en el amor al pensamiento, en el gozo. Admiro la sensatez de quien no teme dedicar su vida al servicio de los demás. Pienso en la izquierda, en la militancia, en sindicatos, en mujeres dando la vida, en canciones que hablan de jóvenes heroínas. Pienso en la sangre, en el corazón, la valentía. Me acuerdo de películas, de flores y de guerrilleras. Pienso en partos, parteras, niños y mujeres embarazadas. Pienso también en recién nacidos y en parejas anhelantes que cruzan el umbral de su esperanza en Santa Vera Cruz.

Rodrigo Mita Molina – Filósofo y docente


La seriedad de un oficio

En las páginas de la RAMONA ha corrido sangre. Los editores han asumido que el periodismo cultural es un oficio aparte y se hacen cargo del riesgo que implica tomarse ese trabajo seriamente. Esto quiere decir también hacerlo de manera irónica, impertinente y cómica. Así, las páginas nunca han estado exentas de polémicas y discusiones ardientes, producto de una radical toma de posición de los columnistas. ¿Cómo olvidarse, por ejemplo, de la discusión sobre el barroco andino en la película de Rodrigo Bellott, ¿Quién mato la llamita blanca? ¿O de la serie de críticas de la deplorable Olvidados?

Esta seriedad en el oficio, su toma de postura y riesgo es consecuencia del hecho de que la RAMONA, a pesar de sus 10 años, es un suplemento joven. Los editores siempre han apostado por columnistas jóvenes, con miradas diferentes, sin ningún tipo de compromiso con nadie (a excepción con ellos mismos). Y si bien el paso de un década a veces implica el abandono de la juventud, la RAMONA nunca ha dejado de lado el espíritu joven.

Es un suplemento dinámico, como el concepto de cultura que se destila en sus paginas: que no se limita a sus expresiones canónicas, sino que también explora los márgenes, las otras formas de hacer arte, incluyendo la gastronomía y el fútbol. La RAMONA, como pocos suplementos culturales en Bolivia, hace patente la necesidad de tener un espacio como este. ¡Muchas felicidades a los Ramones!

Sebastián Morales – Crítico de cine


Los pulmones de la RAMONA

Los pulmones de RAMONA soplan bien, cada vez mejor, luego de diez años de existencia. Este suplemento cultural es “cochabambino” por el lugar donde se publica, pero es boliviano por vocación y universal por su contenido. RAMONA es viajera, como la camioneta que inspira su nombre. RAMONA es provocadora, RAMONA es seductora porque nos invita a leerla y a colaborar con ella. Larga vida RAMONA, no envejezcas, no te encierres en capillas, mantén la piel lozana y el espíritu de renovación permanente.

Alfonso Gumucio Dagron – Crítico e investigador de cine


La RAMONA, un viaje cultural que lleva 10 años

Una década de reflejar la vida cultural de Bolivia es un gran logro. Mejor dicho: una década de mantener vigente un suplemento cultural en Bolivia es un grandísimo logro. Más aún en estos tiempos en los que cada año-mes-semana-día se anuncia el fin del periodismo como lo conocemos y todavía no sabemos qué pasará después. Entonces, hay que celebrar que todos los domingos, desde Cochabamba, los muchachos del suplemento la RAMONA, del diario Opinión, nos hagan llegar su mirada de lo que sucede en este país y fuera de sus fronteras en cuanto a literatura, cine, teatro, y todo lo relacionado con el arte y sus protagonistas.

2005 marcó el inicio del recorrido de la RAMONA y esperemos que no pare nunca. Que esa camioneta cultural que lleva 10 años avanzando no se detenga en su tarea de ofrecernos un trabajo serio y digno, y por sobre todo, que sea una escuela para los que vendrán.

¡Felicidades!

Adhemar Manjón – Periodista cultural


La RAMONA como gestora cultural

La gestión cultural ha cambiado su enfoque en los últimos años, hasta volverse materia de interés en la mayoría de las universidades del mundo, valiéndose de elementos que emanan de la creatividad más desaforada para producir un bien o servicio, con fuerte carga simbólica y generalmente artística.

Para optimizar estos siempre escasísimos recursos, desde el mundo académico se han preparado programas que van desde la antropología cultural y defensa del patrimonio hasta las industrias creativas como herramienta de desarrollo local. No obstante, la formación del periodista cultural ha sido asumida casi en exclusiva desde las facultades de comunicación, sin que se le considere actor cultural protagónico, y reduciendo su valor al de generador de noticias.

La RAMONA ha elegido un camino diferente. Han marcado su territorio mostrándose como espacios virtuales de cultura viva, tomando el legado de potentes publicaciones como Vertical de Jaime Sáenz o Presencia Literaria. Sin casi darnos cuenta, han cumplido una década, demostrando que un suplemento de calidad constante en el tiempo es posible solamente cuando hay pasión, capital intelectual y capacidad de hipnosis con los gerentes comerciales.

Desde una tribuna inicialmente modesta, con una línea ideológica consistente (y a veces discutible), han logrado hacerse una presencia importante y necesaria en el país por aptitud y continuidad, elementos fundamentales del prestigio, y ahora son un referente cultural en Bolivia.

Se habla mucho de las posibilidades de Cochabamba como ciudad del conocimiento y cantera intelectual de Bolivia. Más allá del mito o de los atributos deseados, estos periodistas que ratean tiempo a sus editores de coyuntura en beneficio de la cultura, logran hacer el verdadero elemento distintivo de la buena prensa, creando unos contenidos que finalmente contribuirán a que Cochabamba sea una ciudad más creativa y más consciente de sus lazos y mezclas culturales.

Fadrique Iglesias – Gestor cultural


Vivan los Ramones

Hay suplementos literarios que nacen únicamente para rellenar las páginas culturales de los periódicos. Gracias a Dios, la RAMONA es todo lo contrario, pues ha nacido y ha crecido con la convicción de que los suplementos culturales son necesarios, en verdad imprescindibles. Por eso nuestros queridos “Ramones” lucharon y siguen luchando para publicar este suplemento cada domingo. Quizás muchos no lo sepan, pero el apoyo que recibe este suplemento es prácticamente nulo y si los “ramones” lograron consolidarse como referentes a nivel nacional es gracias a su empeño y dedicación. Por eso es muy importante que festejemos con entusiasmo estos diez años de trabajo. Con el tiempo he podido conocer a los responsables de esta maravilla, y he constatado que además de ser buenos tipos, son verdaderos periodistas culturales, de esa estirpe que el país necesita, ya que no solamente se preocupan de cultivarse y publicar un contenido de primera, sino que además se dedican a la investigación, la crítica y la sistematización de la cultura, especialmente mediante sus publicaciones sobre cine. ¡Larga vida a la RAMONA! ¡Larga vida a los Ramones! Los necesitamos de verdad. El país los necesita.

Juan Pablo Piñeiro – Escritor


Con el corazón propio

No se imaginan, o quizá sí, la cantidad de depresiones de domingo que la RAMONA me ha ayudado a transformar en lacrimosas sonrisas de final de mañana. No estamos solos. El mundo se mueve y la obra que viene de los corazones de mucha gente maravillosa está ahí para ayudarnos a seguir. Hacia la noche, volvía a tomar la edición y decidía guardarla sobre el escritorio con la esperanza de encontrar más tiempo de lectura durante la semana. No soy buen coleccionista pero de una mudanza a otra llevo esos recortes que sé que no voy a ser capaz de botar jamás.

Brindo por el equipo que hace diez años nos ayuda a conectar con el pulso del mundo. La comunidad sigue viva y creciendo. Llegan más lectores y los de antes empezamos a tener wawas. Ahora mismo digo salud en silencio porque la niña duerme mientras su madre aprovecha para cortarle las uñas. Les debo mucho, muchachos. Les debo aquella llamada de hace años, cuando alguien quiso decir que una nota que ustedes habían aceptaron publicarme le había gustado y en fin, les debo mucho.

Seguirán viniendo las décadas y seguirá faltando el tiempo para leer, pero yo brindo porque en la RAMONA no solo podré re-encontrarme con los corazones del mundo; sino también, de vez en cuando, con el mío propio.

Leonardo De la Torre Ávila – Comunicador, sociólogo y escritor


Sobre la RAMONA

C.-Me avisaron que la RAMONA cumple 10 años… ¿te imaginas lo que son diez años? L.-Y sí, es una década… C.-Bueno, pero también es mucho más que eso, en realidad no sólo son los años, es una gran fiesta… L.-¿Una fiesta periodística? C.-…Yo creo que algo así harán… L.-Entonces vas a tener que llevarles un regalo. C.-¿Habrá que hablar con el Papa para que los canonice? L.-Supongo que sí, porque ellos desde Cochabamba han sido quienes han mantenido un suplemento cultural leído en todo el país y que es un referente del periodismo cultural. C.-No hay duda de eso, por sus páginas pasaron casi todos los personajes de la cultura en Bolivia, hicieron entrevistas, reportajes, se dieron tiempo para reseñar y criticar películas, teatro, música, y hasta hablaron de gastronomía… L.-Hasta hicieron polémica y formularon propuestas en un medio que le dio la espalda a los suplementos de esta naturaleza. C.-Naturalmente, pues el tiempo les brindó las herramientas para poder reconocer las fortalezas y debilidades de diferentes rubros artísticos. L.-Y te acuerdas de la Tandil… C.-Claro…siempre pregunto por ella, la verdad hubieron muchos redactores que dejaron su talento en estas páginas. L.-Me parece que vas a tener que brindarle un gran abrazo a todos ellos, y hacerles saber que me gusta mucho el suplemento, si los ves a todos diles que guardo unos ejemplares de cuando publicaron la revista… porque ellos hicieron el esfuerzo de publicar una revista muy bonita que sólo alcanzó unos pocos números, que seguramente ya son de colección.

Claudio Sánchez – Crítico de cine


Rueda RAMONA

Subí a la RAMONA dos veces y la segunda fue un arribo definitivo. Dicen que todo viaje comienza con un paso, este viaje inaugural lo hice en una nave o dragón rojo llamado la RAMONA, que decidió hacer parada en la ciudad promocionando Cuestión de Fe, la inolvidable película de Marcos Loayza. Por uno de esos azares que deciden ser favorables, tuve el placer de entrar en su butaca móvil y dar un paseo por la ciudad en una mañana soleada ante la mirada complacida de la gente que veía pasar esa aparición casi imaginando su virgen acompañante sujeta en la carrocería.

El segundo viaje, uno que amenaza con ser permanente, supuso desplazarse por el territorio de las palabras y la RAMONA permitió este anclaje, de él soy lectora y columnista. En esta nave cada viajero es parte de un acto de fe, en mi caso comparto idéntica fascinación por las palabras y sus juegos de espejos. Pero más allá de ello, celebro el camino que se inicia hace 10 años y admiro de sus editores la pasión invertida en este proyecto, uno que proscribe falsos sentimentalismos periodísticos o concesiones fáciles y se lanza a inexploradas latitudes.

Los aniversarios caminan siempre con pasos de cangrejo, permiten mirar el territorio recorrido, pues creo que si de analizar se trata la RAMONA acorta la distancia entre lo que deseamos y lo que tenemos. Este suplemento contribuye a generar un periodismo alterno y altamente necesario en el ámbito cultural boliviano, en sus páginas persiste la viveza figurativa del lenguaje, se abren los libros, se visitan películas, se conocen autores. Se hace documentalismo social y cultural, en sus pasajes vemos los paisajes inexplorados fungiendo como ventanas que llevan al lector a infinitos escenarios con la promesa de resimbolizar todo lo vivido o todo lo mirado, este horizonte se mueve con nosotros. No es de extrañar, los dragones son así.

Si hay algo que esperar es que este camino se siga haciendo al andar, que persista en el afán y la pasión.

Entonces, solo me queda decir rueda RAMONA, este viaje lo hacemos contigo.

Cecilia Romero – Escritora