La inmortal Clarice

Años antes de conocer a Clarice Lispector, le envié una cesta de huevos de chocolate comprados en Copenhague en Pascua, en un gesto amistoso que no llegó a llamar su atención. Quería conocerla en persona. Aunque era joven, no pretendía convertirme en su discípula sino llegar a mantener una relación duradera, inquebrantable. Tanto es así […]

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