Yuri F. Tórrez: “El racismo en Bolivia es un racismo estructural”

Ante la tensión social y política a raíz del escrutinio que se realizó con motivo de las elecciones generales en el país el pasado 20 de octubre, en medio de denuncias de fraude, llamados a la “defensa de la democracia” que vinieron acompañados de disturbios, manifestaciones, también se realzaron actitudes racistas y discursos de intolerancia de ciertos grupos, que ciertamente pueden hacernos pensar si realmente ha habido cambios en los últimos 13 años. Desde la refundación de la República hacia el Estado Plurinacional se han generado cambios estructurales en la nación, desde la inclusión y reconocimiento de 36 etnias dentro de la nueva Constitución Política del Estado; la promulgación de una Ley contra el racismo y toda forma de discriminación y hasta el surgimiento de una nueva clase media, principalmente de ascendencia aymara. Sin embargo, uno de los grandes problemas que tiene Bolivia parece ser sintomático, ya que ante situaciones como la actual, muestras de intolerancia parecen volver a realzarse, tales como el intento de quema de símbolos como la whipala e insultos que hacen referencia a la procedencia, clase social o etnia de algunos sectores.

En esta entrevista para la Ramona, Yuri F. Tórrez (Cochabamba, 1968), Doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos, además de sociólogo y periodista, da luces para poder entender esta problemática, sus orígenes, los cambios que se han producido y los conflictos que generan.

¿Cuál es el cambio en el comportamiento racista de la población respecto a las modificaciones que han sido introducidas con el surgimiento del Estado Plurinacional? ¿Ha habido algún cambio, algún avance?

Una de las asignaturas pendientes del Estado Plurinacional es el combate contra el racismo. Obvio, no es una batalla sencilla ya que el racismo en Bolivia es un racismo estructural. Un racismo que viene desde la Colonia que ha configurado una sociedad no solamente socialmente desigual, sino, sobre todo, una sociedad racialmente discriminadora. En este contexto, los privilegios de acceder a espacios favorecidos, entre los cuales, estaba lógicamente los espacios de poder, era solamente para los sectores criollos/mestizos de la sociedad boliviana con una exclusión evidente de los sectores indígenas del país. Ahora bien, en los fundamentos constitucionales del Estado Plurinacional era extirpar esa exclusión y segregación estructural. Paradójicamente, en el curso del debate de la Asamblea Constituyente, Bolivia se sumergió en una polarización social y uno de sus ejes descansaba en el clivaje étnico. Se azuzaron las identidades étnicas y sumado a ese imaginario señorial colonial de los sectores criollos/mestizos sobre los indígenas y, sobre todo, la presencia indígena en el poder personificado en la imagen del presidente Evo Morales, los espectros segregacionistas de criollos y mestizos reaparecieron irradiando un racismo vergonzoso en las calles y últimamente en las denominadas Redes Sociales. Si me preguntas que si hubo cambio. La respuesta es solo de manera formal con la promulgación de la Ley Contra el Racismo y otras formas de discriminación, pero, paradójicamente en el imaginario de los sectores criollos y mestizos, inclusive sus intelectuales –algunos escribiendo en sus columnas y otros acompañando marchas de sectores urbanos donde vociferan estribillos racistas—en sus prácticas y en su lenguaje se percibe un racismo esquizofrénico contra los indígenas. Quizás por esta razón que el Presidente se siente herido de estas actitudes racistas que, en sus discursos, especialmente en tiempos de conflicto, alude permanente a este hostigamiento racial y se victimiza como parte de su estrategia discursiva y, por lo tanto, política.

Previo al 2006 y posterior a este, ¿Qué cambio o transformación ha sufrido el mestizaje si consideramos el surgimiento de una nueva clase media?

Ese mestizaje cultural que transformó al indio en campesino que era considerado como un mecanismo de transformación cultural para asimilarse aquellos patrones rectores de la modernidad: el mercado, la escuela, el voto que en el caso boliviano supuso el blanqueamiento del indio en aras de su anhelada civilización. Si articulamos este presupuesto que da cuenta de los procesos traumáticos de la identidad mestiza se infiere que asistimos a una remoción de ese patrón cultural donde la modernidad es su devenir. Ahora bien, esa nueva clase media o como muchos analistas sociales denominan despectivamente como la “burguesía chola”, sobre todo, de origen indígena/aimara supuso, entre otras cosas, reavivar un imaginario segregacionista. Como dice la socióloga boliviana, Silvia Rivera, se urge “pensar en el mestizo como una identidad colonizada que, para poder encubrir este carácter, a su vez coloniza a los demás”. Posiblemente, esta cuestión es un tema azaroso que el Estado Plurinacional todavía no ha tenido la capacidad de zanjar. Una explicación a esta complejidad que presenta los avatares de la construcción de la identidad mestiza la proporciona Rivera al señalar “el Estado Plurinacional niega al sujeto mestizo, pero en realidad le otorga todo el poder de nombrar en forma invisible. No se nombra a sí mismo como una etnia colonizada. Nosotros somos colonizados. Es cuando asumes que te habita una indianidad colonizada por ti mismo, por tu educación, tu familia. Una indianidad negada internamente”. Quizás, por estas argumentaciones, que Rivera sostiene la prioridad de indianizar el Estado boliviano, pero sin complejos de por medio. No es casual, por lo tanto, que en Bolivia ha operado históricamente la categoría mental de “raza” que fue la génesis del mestizaje colonial que sirve para configurar una cultura nacional excluyente y homogeneizadora. Ahora bien, la exacerbación poco inteligente en el discurso estatal en torno a lo indígena en el gobierno de Evo Morales y sumado a los enfrentamientos con tintes raciales en el mismo seno de la sociedad boliviana, posiblemente se constituyen en factores explicativos para que el mestizaje conflictivo que radica en la negación del indio siga vigente en el imaginario social de los sectores criollos/mestizos de la sociedad boliviana. En todo caso, aquí estriba un tema de fondo que, muchas veces se ha soslayado ya que, por ejemplo, la ciencia social boliviana se ocupó de indagar sobre las ventajas culturales del mentado mestizaje idílico, sin entrar a la cuestión de los complicados y tormentosos de los vericuetos del proceso del mestizaje colonial que hoy, entre otras cosas, se refleja en las movilizaciones de los sectores urbanos de origen criollos/mestizos en las calles bolivianas ya que muchos de ellos solo quieren que el “indio se vaya del gobierno”.

Respecto al fiel apoyo del sector campesino al actual Gobierno, ¿qué diferencias puede encontrar respecto al proceso de inserción campesina después del 52? ¿El apoyo es por convicción, adoctrinamiento o por atención del Gobierno a este sector?

Creo que hay semejanzas y diferencias. Una semejanza es que tanto el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), después del 9 de abril de 1952, como el Movimiento Al Socialismo (MAS), después del 22 de enero del 2006, tuvieron a las bases campesinas su soporte político/electoral significativo para afianzar su hegemonía política. Ahora bien, en el caso del MNR la estrategia fue, fundamentalmente, por la vía de la cooptación corporativa. Mientras en el caso específico del MAS la inserción campesina e indígena fue resultado    el Movimiento Al Socialismo (MAS) que  dicho sea al paso, entre otras cosas, es el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP), o sea, es el instrumento es la expresión de ese sujeto “nacional-popular” –como dice el politólogo Fernando García Yapur—de base campesina e indígena “que –a pesar de una década en el poder—no logró culminar su llegada al Estado, ni asentar institucionalmente su impronta hegemónica”. De allí, se desprende que en los discursos presidenciales de Evo Morales sean “inclusivos”: él se involucra en el “nosotros”: Evo soy yo que como explica Fernando Mayorga obedece a que “un líder puede ser un ‘nosotros’, puesto que somos (yo soy en minúscula) el espejo donde él se refleja”. El presidente en sus discursos hiló una lealtad con sus “hermanos” (no solo compañeros, sino, sobre todo, hermanos) de los pueblos indígenas, o sea, con sus pares. Esta imbricación entre el líder y sus bases indígenas/campesinas, cimentadas desde los tejidos discursivos posibilita, según Laclau, “una construcción de una identidad popular que articula una serie de demandas insatisfechas mediante la identificación de una elite que se opone a los designios del pueblo”. Quizás aquí, a diferencia del MNR del 52, radica el potencial democrático la simbiosis del liderazgo de Evo Morales con sus bases indígenas/campesinas.

¿Se puede volver al antiguo modelo republicano como algunos sectores pretenden?

Es interesante la pregunta. En el curso de la campaña electoral ningún candidato enarboló las banderas de una reforma a la Constitución Política del Estado (CPE) y, mucho menos, la instalación de una Asamblea Constituyente. Entonces, en esta coyuntura electoral no hay una polarización, entendida como una disputa entre al menos dos modelos estatales. Quizás una de las explicaciones a esta ausencia de polarización estriba en que el Estado Plurinacional se ha convertido en un “sentido común” y hoy nadie pone en cuestión, por lo menos discursivamente, esta naturaleza estatal, por tanto, no está en el debate electoral. Aunque, como telón de fondo, varios dirigentes de la oposición manifestaron la “vuelta a la República” que como explicamos anteriormente el Estado Republicano era una continuidad del Estado Colonial que suponía, entre otras cosas, los privilegios para los sectores criollos/mestizos en desmedro de los indígenas. Quizás, por esta razón que subyace en el imaginario de estos sectores la posibilidad de un “retorno” a la República.

Periodista – Twitter: @DabolAR