Traducción, utopía y poder afectivo en las lenguas indígenas

En el marco del IV Encuentro Internacional de Narrativas, tuvimos la oportunidad de entrevistar a la escritora Giovanna Rivero, quien será la moderadora del conversatorio “Traducción, utopía y poder afectivo en las lenguas indígenas”. Por medio de esta entrevista, podemos informarnos respecto a las propuestas de escritores y traductores invitados, compartir un diálogo reflexivo de “por qué las utopías nacen en el lenguaje” y el proceso literario de nombrar mundos en diferentes idiomas.

La traducción lingüística de la narrativa contada en lenguas no hegemónicas en América Latina ¿puede aún ser concebida como un instrumento de resistencia a procesos de deculturación y alienación cultural?

Creo que las resistencias de las lenguas indígenas que se exponen a la traducción tienen que ver justamente con sus sentidos. Esa defensa ante las arremetidas coloniales reside, me parece, en una codificación otra del mundo que se inscribe en el corazón semiótico de la propia palabra. En esa unidad sonido-significado se ancla una sensibilidad y una nominación del entorno que no siempre son traducibles de manera diáfana. Considero, entonces, que toda intraducibilidad es una resistencia, pues recordemos que el mercado cultural quiere signos llanos, comprensibles, legibles según sus términos, para poder así seguir fortificando sus hegemonías ideológicas y de sentidos. Entonces cuando una lengua en su cierta opacidad se obtura ante estas otras formas de cooptación está, de algún modo, defendiendo dimensiones culturales, profundas dimensiones culturales. Su modo de ver la vida, su relación con los reinos naturales, el nombrar lo invisible o lo onírico, todo eso que escapa a las equivalencias absolutas es parte de una poderosa resistencia.

Creo que la tarea de una buena traducción pasa por acercarse primero a la complejidad de la cultura misma y luego a ese cuerpo lingüístico que afortunadamente no está del todo abierto a las lenguas hegemónicas. De otro modo, nos quedaríamos en el nivel analógico de Google Translator.

Me parece que tuviste una experiencia con unos cuentos relacionados al idioma guarayo ¿Podrías comentarnos cómo fue?

Sí. Te aclaro que no soy lingüista y que mis reflexiones provienen totalmente del amor por los lenguajes, por la escritura. Siempre estoy atenta al origen de una palabra, dónde nació, cómo mutó; por ejemplo, cómo el latín se volvió una lengua vernácula y luego se transformó en este universo de sonidos y acepciones que hablamos todos los días. En relación a la lengua guaraya, hace muchos años, hace increíblemente veinte años ya –¡cómo ha pasado el tiempo!–, escribí “La dueña de nuestros sueños”, un libro de cuentos para lectores niñas, niños y jóvenes. Cuando le puse letra a ese pequeño cosmos, en el que reina la sabiduría de una joven guaraya, incorporé algunas palabras indígenas, pero no para “adornar” a mi protagonista, sino porque esos sonidos y sentidos constituían el puente hacia un mundo distinto, lejos del control adulto. “Ararundai”, por ejemplo, me parece una de las palabras más hermosas del mundo, narra una visión del cielo, tiene el alcance del recuerdo sensorial, se me ocurre que comparte con el ideograma la facultad de condensar toda una escena.

Muy interesante. Porque igual, en relación con esto que tú dices, la idea de que una palabra puede ser un puente y que nos hace también conocer estos mundos, ¿podríamos decir que ese puente ya a veces está cada vez más corto?

Sí, es cierto, aunque todavía el bilingüismo o el multilingüismo se enfrentan a prejuicios no tan sutiles. Precisamente una de las cosas que vamos a discutir en la mesa es el modo en que se oficializa y legitima a una población que habla una o varias lenguas indígenas. Por extrapolar un ejemplo, en Estados Unidos todavía en muchas circunstancias se llama “lengua minoritaria” al español, cuando la cantidad de gente que habla español en este país es brutal, a tal punto que podríamos considerarla una “lengua franca” paralela al inglés. De ahí que, en este caso, el concepto de “minoritario” está cargado de un interés político, de una posición interesada, racista, economicista y xenófoba y entonces habría que impugnar esa designación porque lo ‘minoritario’ trata de seguir empujando el ejercicio de estas lenguas a la periferia. Este es uno de los tópicos que vamos a desarrollar en el panel. Nuestros invitados tienen mucho para poner sobre la mesa. Javier Viveros es paraguayo, Mario Castells es argentino-paraguayo y ellos podrán contarnos sobre las políticas públicas del Paraguay con relación al guaraní. Mauro Alwa discutirá desde su poética y su experiencia vital en aymara. ¿Qué dice el poema que no es ni posible ni necesario prestar al castellano?

 Varios de los que estarán en este IV Encuentro Internacional de Narrativas nos compartirán sus experiencias, en diferentes campos

Así es. Conoceremos un poco de su trabajo, tanto desde la escritura literaria como desde la traducción, pues ellos llevan y traen sentidos, y seguramente ese tráfico de mundos corre en paralelo a otro tipo de traslación simbólica, que es la de la misma lengua literaria. Y es que la lengua literaria está profundamente hermanada con las lenguas indígenas por su no estar en el centro, por su poder de resistencia, de subversión ante y contra los macrosignificados.

¿La revalorización lingüística será un espacio donde todavía podemos hablar de que vive la utopía?

Definitivamente sí, porque las utopías nacen en el lenguaje, por eso son utopías, su placenta es la imaginación y sabemos que la imaginación se viabiliza en una nominación diferente del mundo conocido. La utopía es un horizonte compartido de esperanza que todavía nos queda lejos y puede manifestarse como una leyenda en el relato que uno le comunica al otro. Las lenguas indígenas construyen utopías porque, al seguir recreando en la conversación colectiva estas fábulas y mitos que iluminan desde otros tiempos el presente, se escurren del registro y el súper control racional de las lenguas hegemónicas. La presencia de sujetos vegetales y animales, su profunda coexistencia, siempre palpitó en estos testimonios de un modo que las sensibilidades adscritas a los relatos ultra occidentales recién están empezando a explorar.

Y en este sentido ¿Cuál sería el aporte de las editoriales literarias en la producción y difusión de narrativas indígenas?

Yo creo que en la academia, por ejemplo, hay gente, no mucha, pero sí algunos investigadores que están genuinamente interesados en comprender estas cosmovisiones, en entender qué se ha perdido el sujeto blancoide al ignorar o subestimar esos relatos, cuánto se ha obliterado de la gran memoria transversal de la especie humana al desoír estas narraciones de la vida. Desafortunadamente, también existe ese aspecto cuantitativo de los estudios académicos que se acercan a lo que denominan “artefactos culturales” con un afán cientificista, pero no realmente para integrar, unas en otras, las diversas formas de experimentar el ‘ethos de la vida’ a través de y con las lenguas.
Afortunadamente, cada vez es mayor el número de editoriales independientes que están atentas a una renovación de la literatura y de cómo esta se refleja en sus catálogos, ya no solo desde el marco conocido, con los mismos previsibles autores y autoras, sino incorporando a escritoras y escritores que articulan sus relatos en una hibridación inesperada de dialectos. Así como en Estados Unidos el Spanglish contribuyó a legitimar memorias de la migración (sobre todo en la comunidad chicana) e integrarlas a la propia historia de Estados Unidos –un proceso que sigue dando batalla, hoy más que nunca–, va a ser importante apoyar catálogos que movilicen las marcas sígnicas y las sintaxis con las que se narra este siglo. Habrá que estar alertas, claro para que el mercado, siempre tan omnívoro, no se mastique también esas narrativas en lenguas que no siempre son “minoritarias”.

 ¿Podrías profundizar la idea del mercado omnívoro?

Al mercado omnívoro todo le sirve si existe un consumidor. Trae hacia su terreno todo aquello a lo que pueda sacarle partido, pero su reciprocidad es mínima o nula. Será importante no usufructuar de los pueblos y comunidades que hablan lenguas indígenas y que nos permiten abrir nuevos portales de comprensión del mundo, ámbitos donde es posible encontrar soluciones a problemáticas complejas como el cambio climático o las enfermedades del cuerpo y del alma.
Yo creo que, en este punto, el de traducir para incorporar textos a la oferta cultural, la artesanía literaria tiene una enorme responsabilidad. Es un desafío interesante y hermoso elaborar un registro escrito de una leyenda que se define por la oralidad y por la mutabilidad. Con esto último me refiero a que cada nuevo autor/a, es decir cada persona que la vuelve a contar, le aporta algo, la modifica, la impregna de su afectividad. Seguro hay algo inasible y fundamental que se pierde en ese trasvase; así, la apertura que tiene el relato oral, esa posibilidad del azar, el cambio permanente, su condición colectiva, todo ello se restringe en gran medida en la textualidad fija. Sin embargo, creo que la artesanía literaria comprometida puede cuidar delicadamente estos giros orales, ese temblor afectivo de los sonidos. Si se trata de un verdadero trabajo literario, tendrá la capacidad de grabar en su letra la belleza del relato destinado al oído y, de esta manera, más que la permanencia fría o muerta del signo escrito, se inaugura la posibilidad de construir un correlato, un acervo paralelo a la leyenda sostenida por las voces, que no le quita nada, que no le resta su potencia de seguir siendo un alimento oral, una lengua madre abarcadora, pero que de algún modo la acompaña y le permite llegar a lectores en otras latitudes; le habilita, pues, el cruce de otro tipo de fronteras.