F2 Tom-Hanks-Mister-Rogers-700x352

Claudia Böesser/EFE

 

Tom Hanks lleva más de cuatro décadas haciendo cine, televisión y teatro, pero ha sido su último papel el que le ha cambiado la vida. Nominado por primera vez al Oscar en casi 20 años, su interpretación del mítico presentador Mister Rogers ha sumergido al actor en un vital viaje hacia la introspección.

“Aprender de un papel es una cosa, pero sentirse constantemente desafiado cada día del resto de tu vida por lo que aprendiste, es otra muy distinta”, explicó Tom Hanks durante una entrevista concedida a Efe.

 

Basada en la historia real de la amistad entre Fred Rogers y el periodista Tom Junod, Un buen día en el vecindario trata sobre el impacto transformacional que el presentador de programas infantiles tuvo sobre la vida del periodista.

Vestido siempre con su icónico cárdigan rojo, Mister Rogers fue, durante treinta años, un ejemplo de sabiduría y benevolencia para millones de niños norteamericanos que le seguían a través de la pantalla.

Dieciséis años después de su muerte, sus enseñanzas de bondad, paciencia, perdón y empatía vuelven a cobrar vida a través de la personificación verosímil de Tom Hanks.

Pero aunque los productores y guionistas de la película supieron desde el principio que Hanks era la elección perfecta para traer de vuelta a una figura tan querida, el actor no lo tuvo tan claro.

“Para mí, interpretar a Mr. Rogers no fue algo natural. Me intimidaba y me preocupaba acabar haciendo una mera imitación en lugar de llegar a las motivaciones más profundas del guión”, explicó.

De hecho, reconoció que cuando leyó el primer guión, que se había empezado a gestar hace una década, sintió que “no tenía ningún estímulo creativo”.

No fue hasta que, años más tarde, la cineasta Marielle Heller se sumó al proyecto como directora y logró cambiar la perspectiva del actor.

“Cuando Marielle me dijo que quería hacer una película sobre los hombres y sus sentimientos, fue entonces cuando me di cuenta de que estaba creando algo mucho más sustancial de lo que yo creía”, comentó.

Así, Hanks, que admitió haber estado esperando la oportunidad para trabajar con ella desde su debut como directora con Diario de una chica adolescente (2015), decidió aceptar el papel.

“Tuve que ser honesto conmigo mismo y plantearme si estaría a la altura, si sería capaz de metamorfosear lo suficiente para que la película reflejara más de Mister Rogers que de mí mismo”, reconoció el actor, que el pasado lunes recibió su sexta nominación al Óscar por su rol.

Una emotiva interpretación que acabó convirtiéndose en un intenso e inesperado ejercicio de introspección.

“Mister Rogers solía decir que el mayor regalo que puedes darle a alguien que quieres es tu atención indivisible, estar presente”, recordó Hanks.

“Y me he dado cuenta de la cantidad de veces que, como padre y marido, he hecho justo lo contrario”, reconoció.

A esta revelación se unió su compañero de reparto, Matthew Rhys, quien en la proyección interpreta la versión ficcionalizada de Tom Junod.

“Me sentí tan culpable al darme cuenta de que no estaba siendo el padre que creía ser. Ha tenido un gran impacto en mi vida, sobre todo en mi rol como padre”, confesó el intérprete, haciendo referencia a la célebre frase del presentador: “lo peor que puede hacer un padre es olvidarse de que él también fue un niño”.

Tanto en la realidad, como en la ficción, Fred Rogers deja una huella especial allá donde va.

Pero la cinta, que llegó a los cines mexicanos el 10 de enero, no retrata al presentador como un santo, sino como alguien corriente que simplemente trata de ser una mejor persona.

“La razón por la que no queremos que veas a Fred como un santo es porque si lo haces, no podrás aspirar a ser como él. Su forma de ser solo es alcanzable si se reconoce su esfuerzo diario”, añadió Marielle Heller, repitiendo las palabras que le dijo la mujer de Fred antes de comenzar el rodaje de la película.

“En los tiempos que corren, donde parece que escasean los modelos a seguir que nos enseñen a ser mejores personas, creo que tanto adultos como niños necesitamos esta película”, concluyó la directora, que describió el resurgimiento de Mister Rogers como “una gran luz en la oscuridad”.


Una biopic atípica

Mabel Salinas/Cine Premiere

Enfundado en la piel, los movimientos y ademanes de Fred Rogers, en Un buen día en el vecindario (A Good Day In the Neighborhood), Tom Hanks nos da la bienvenida a una simulación del programa educativo que ayudó a formar las mentes de niños estadounidenses de 1968 a 2001. El presentador original lo hacía dentro del espacio lúdico-didáctico Mister Rogers’ Neighborhood, ahora homenajeado por el séptimo arte.

 

El principal objetivo del conductor, como queda claro en el filme de Marielle Heller (Diario de una chica adolescente), era ayudar a los niños a lidiar con sus emociones al presentarles modelos de conducta positivos. La película es inteligente al hacer de la dinámica y los esquemas del programa un vehículo narrativo para conocer la gestación de una amistad: la de Rogers y el periodista Tom Junod, rebautizado para propósitos fílmicos como Lloyd Vogel (Matthew Rhys).

 

Esta inesperada relación fulgura cuando Vogel, un cínico periodista de investigación es enviado por la revista Esquire a hacer un perfil de Rogers. El presbítero sorprende al entrevistador con su bondad y genuino interés en cualquier ser humano que se le plante delante, mientras el personaje de Rhys atraviesa una crisis existencial-familiar de varias capas y complejidades. Al viajar en metro o visitar un restaurante en compañía de la famosa figura infantil, a Vogel no le queda más remedio que abrirse a la empatía y compasión.

 

Un buen día en el vecindario posee rasgos de una biopic atípica. Para dejarnos ver quién es Roger y su naturaleza no hace una narración de su vida privada, ésta se ve a través de una ventana particular: su forma de actuar con los otros, su profesionalismo, su filosofía de vida, sus “mantras”. Rogers es un personaje de soporte, el verdadero protagonista y, por ende, en quien se hace una mayor introspección, es en Vogel.

 

Esta decisión creativa es acertada, pues la cinta se basa en el texto que Junod escribió tras su primer contacto con Rogers. El perfil Can You Say … Hero? se convirtió en la portada de Esquire en su fecha de publicación. Es una pieza escrita por capítulos donde se combinan anécdotas de Rogers con episodios personales del autor. La esencia del presentador salta del papel y atraviesa la pantalla, palpita en el guion a través de acciones y reacciones. Se respira cuando viaja en el metro o reza por sus fans, cuando éstos le entonan una canción en el subterráneo o visitan su programa; pero, especialmente, cuando trunca barreras como las de Vogel.

 

Un buen día en el vecindario es una feel good movie dulce, cálida con episodios de ternura, pero también lanza cuestionamientos a la audiencia. Es inevitable pensar en nuestra propia niñez o la manera en la cual lidiamos con nuestras emociones. En pleno 2019 nos volvemos un espectador más de la magia y el humanismo de Fred Rogers mientras somos envueltos por sus canciones, invitados, marionetas o las maquetas de una microciudad de juguete.

 

Con Un buen día en el vecindario, Heller arma una cinta que en microscópicas ocasiones inclina la balanza hacia el melodrama. Suele cuidar este aspecto gracias a su sublime manejo del silencio y los acercamientos y alejamientos que desnudan figurativamente a los personajes. A través de esa ausencia de sonido la directora inyecta poderío a diálogos, reflexiones, incomodidades o necesidades afectivas. A veces el recogimiento y la bondad son más contundentes que el grito más estruendoso.