Subiendo al ascensor Annagrama

Escuchar el disco de Annagrama es de esas experiencias invasivas que convocan a una marcha de toda la fragmentación de esos determinantes detalles coloridos que se van gastando con el ejercicio continuo de retraerlos y largarlos una y otra vez, o es como el recuerdo de aquella primera camiseta de alguna de nuestras bandas favoritas que termina convirtiéndose en descoloridas líneas de una silueta quemada por el sol y un llanto también continuo en el cordón del jardín de un día entre semana.

Es determinante prender un cigarrillo y caminar con los audífonos puestos para emprender la odisea de las diez canciones del disco. Lo más seductor de cada composición se funda en la visceral amalgama de un sonido y su reclamo incesante por ocupar un espacio cómodo en la arquitectura de las cosas que nos rodean. Cada canción no se conjuga sola, no suena como una propuesta convencional de una pista, al contrario cada composición se expande, enraíza la sensación auditiva con una sensación de un deseo táctil. En esto último radica la fuerza de la banda. Conversar con sus integrantes trajo a mi boca de la forma más inmediata las siempre recuperadas palabras de Paul Valery: “Lo más profundo es la piel” esta música no hace otra cosa más que confirmarnos que la superficie no se contrapone con la profundidad, que la densidad de un sonido conjugado en un tiempo termina siempre por revelarnos lo más oscuro, lo más secreto, lo más caótico, lo siempre dicho pero lo irreparablemente callado. ¿Acaso la simple caricia del primer beso a las 6 de la mañana, no es anterior a la palabra? O como pregunta un amigo en la distancia ecuatoriana ¿Cómo puede ser que el paisaje idílico sea sólo esta lata que rueda en la calle? De todas formas en la aspereza más delgada de la piel nos encontramos una y otra vez.

Annagrama inicia su partida musical el año 2010 y como su nombre lo indica se constituye por músicos que anteriormente habían sido parte de otros proyectos con onda diferente pero a pesar de las distancias manteniendo un espíritu común y que al final termina construyendo la propuesta que el disco recién lanzado contiene. El arma de lucha de esta banda es el sumergirse en el difícil y poco fértil ambiente de bandas alternativas que tiene como filosofía esencial componer y jugárselas el todo por el todo a esta iniciativa.

Lo fascinante que pude rastrear de ellos es algo que usaría como consigna para apoyar su música, la mayor pretensión de la banda es; crear y tocar. Antepongo la creación porque la determinación de sus palabras por el respeto al proceso creativo de la composición tanto de música como de letra, hacen que el efecto ya constituido en una canción; es decir en el tocar mismo, amplifique y redimensione la explosión que causan al escucharlos en un concierto. Todo esto puedo ejemplificarlo de mejor manera recomendando la canción Visión estelar (se puede descargar en la página de la banda) en la que como nos explicaba la  vocalista surge por un riff de guitarra y el siempre seductor daimón que nos habita cuando estamos viajando. La canción que les recomiendo es una invitación a salir a la carretera, a mantener un peso medio en el acelerador y a que el cansancio por mirarnos de costado nunca termine de agotarnos, es como la dilatación de ese momento inacabado entre la risa y lo mediatamente posterior a un final.

“Suelo hecho de reacciones y fusiones….Hierro y Niquel…rojos verdes…imagen espacial.”

También el disco está conformado por canciones como Calma en la que el juego de mirar a lo otro ya sea el otro amante, amigo, familia, situación, uno mismo, se conceptualiza en la energía, en el imán y el centro de la esfera. Esta composición  según sugerencia de la misma banda es altamente recomendada para buscar un sitio tranquilo y dejar que la gravedad de la canción conjugue los mecanismos del reloj del mundo. Puedo también hablarles de la canción con un aire más punk como Ella es  “Hoy día me ha mandado a volar, suicida, imposible de cambiar…Mi novia es una esquizofrénica.”

Para cerrar mi invitación a convocarlos a escuchar este disco y a que se den el tiempo para disfrutar un concierto de la banda. Sólo voy a recordar un párrafo del cuento El Perseguidor de Cortázar en el que si bien es un diálogo de un músico de jazz y que tiene la intención de representar la voz del músico ejecutante; es necesario por esta ocasión expandir tanto el género como la posición del que entabla el discurso. Debido al carácter de la música de Annagrama (especialmente para disfrutarla con unos buenos audífonos, o en vivo) la cita posterior creo que perfectamente cobija el calor de perderse en el incendio que provoca la música que cala.

“…Yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Es como en un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se quedó ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las últimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo…”

El disco de Annagrama es un ascensor, la salida de una opción diferente, la posibilidad de hacer de una caminata con audífonos la opción para encontrarse con esos grumos ásperos que dejan el fondo del vaso de un café no totalmente disuelto. Es poder ascender cuando apenas se terminó la primera frase. Sólo puedo decirles que preparen el fuego y aceleren el auto, la música hará su trabajo.

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