Raymundo Ramos: “La guerra de los soldados no fue con el Paraguay, sino con ellos mismos y el gran Chaco”

Con un exitoso recorrido en festivales de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos, que incluyen un estreno en Rotterdam y reconocimientos del Gran Jurado en Valdivia y La Serena y de dirección en Viña del Mar, Chaco se ha ganado el título de ser la cinta boliviana más esperada del 2020. Tendrá un estreno online el jueves 19 a través de la página multicines.com.bo, con boletos ya a la venta.

Chaco ha seducido a la crítica y a los programadores de los festivales por su mensaje antibélico, no expuesto en el derramamiento de sangre o choques directos de ejército, sino en la profunda angustia, tensión y deterioro que deja la impotente espera de encontrarse con un enemigo que nunca aparece, todo ello en un ambiente salvaje de selva hostil e indomable. Estos son los aspectos que más rescata Raymundo Ramos, quien interpreta a Liborio, uno de los soldados indígenas que protagonizan el filme.

En esta entrevista hablamos con el actor saltado de las tablas al frente de la cámara, en la que destaca que el mayor aprendizaje fue contar “una historia no contada” estado en la piel y en el mismo terreno, en las mismas condiciones que lo soldados poco preparados hace casi 90 años. Ramos es un actor cochabambino conocido mayormente por su trabajo con la compañía “Limbo teatro”, con la que estuvo en festivales nacionales e internacionales. Nunca ha separado su vocación y voluntad de trabajo social con la producción artística, que desde sus primeros acercamientos han estado siempre juntas.

¿Cómo definirías tu experiencia en la producción y creación de la película Chaco?

Fue una experiencia nueva en esa magnitud. Todo lo que acontecía y lo vivido fue prácticamente un riesgo pintado en desafíos, la adrenalina de poder lograrlo y poder transmitir e interpretar un personaje con las características que tenía mi rol como Liborio, por una parte y por otra, enfrentarme con varios profesionales del área audiovisual, entre camarógrafos, sonidistas, vestuaristas, maquillaje, arte, dirección y demás produccion. “¡Wouuuuu!” me dije por un instante… ¿raymundito dónde estás? Esa fue mi primera impresión. El primer encuentro fue de desafío con uno mismo, saber que tendríamos que convivir durante el tiempo de rodaje, compartir nuestras historias, contra una historia, vivirla, ser parte de ella…. vértigo absoluto, pero agradable en el fondo. Durante el desarrollo de la misma, tocaba tener actitud de absorber todo lo que podías conocer y aprender de esa historia y que mejor conocerla que en el mismo lugar de los hechos, eso fue lo más valioso ahora que lo pienso: estar en la misma cancha todos, jugando con la misma pelota, y defendiendo un mismo objetivo. Mostrar y contar una parte desconocida de aquella bélica historia.

 

La película quiere representar el desasosiego y fatiga de los soldados bolivianos que tuvieron que hacer frente a la crudeza de la selva del Chaco, transportando el rodaje al Chaco real. ¿Cuáles han sido los principales retos de filmar en un territorio tan indomable y en condiciones adversas?

Esa es la palabra: ¡indomable! Un lugar tan árido, rebelde en su belleza, así la sentía. Con la naturaleza no se juega, más al contrario, creo que se debe entrar en pacto con ella para que te cuide y sea amable con uno mismo. El chaco es eso, hay que estar en un pacto constante.

Me acuerdo que el rodaje se hizo en una temporada que los productores vieron conveniente por el clima y desafíos que representa el chaco, grabamos en invierno, si no me equivoco de estación, por razones de que, en verano, el chaco despierta más agresivo, es un lugar donde se quedaron las marcas bien tatuadas, comparado el hoy con el antes. Supongo que se aliviano más o quizás no, no lo sé. Pero nunca olvidare aquel lugar de arena y espinas… arena y espinas.

El ultimo día, y como otros, pero con más calma, diría más amable con la película, el clima nos jugaba travesías que movilizaban al equipo con más garra y compromiso puestos en este barco. El ultimo día el chaco nos despidió con un fuerte abrazo, porque nos la hizo sufrir a todas y a todos. Imaginando y recordando aquello, aplaudo y reconozco el valor, el optimismo y la fe que tienes con un proyecto. ¡Gracias Chaco!

Al estar representados en una misma situación, ¿cuáles crees que fueron los principales sentimientos y sensaciones de los soldados que se encontraban perdidos y varados en el Chaco en mitad de una guerra?

El más próximo sentimiento que rescato de aquellos valientes es la esperanza. La esperanza de volver o la esperanza de vivir, o más aun, la esperanza de encontrar algo. Ponerse en la abarca de aquellos soldados, no es gratis para uno. Pienso y siento que no debería ser gratis. Me refiero a que conllevas una gran responsabilidad y fortaleza con tu rol o con el personaje que te enfrentarás en esta historia. Personalmente yo lo fui a buscar en sus rincones, fui a encontrarme con aquel Liborio que quería ser escuchado. Ya uno sabe dónde buscarlo y encontrarlo. La guerra de aquellos soldados, en especial de aquellos que fueron a Nanawa, siento y pienso que ya no era una guerra con el hermano paraguayo, al contrario, era una guerra con uno mismo y con aquel gran Chaco.

¿Qué aprendizajes y experiencias rescatas de haber trabajado con el director Diego Mondaca?

Es anecdótico, pero a la vez muy valioso por lo que enfrentábamos. Bueno, hasta donde entendí, él no había hecho un largometraje… y yo tampoco. Nuestro encuentro fue agradable, decidido y propio. Creo que él me había mencionado esto en una reunión que tuvimos en Santa Cruz: su primer largometraje, sus motivaciones, y lo que le llamaba para hacer esta película. Eso me pareció muy honesto y muy humano, admire y admiro aquello, y para mí eso es muy, muy, muy importante. Lo humano, ante todo.

Sí fue mutuo el sentimiento de lograr algo bueno, y más que todo algo que llegue al corazón.

El último día de rodaje con los ojos hinchados de alegría, con el vestuario de Liborio impregnado de tanto que contar, nos dimos un abrazo y le dije: ¡gracias por hacerme parte de esto!

 

El filme también habla de cómo el conflicto bélico dejó marca en generaciones de familias. ¿Qué relación o recuerdo tienes tú o tus cercanos con la Guerra del Chaco?

Ninguna que yo sepa. Quizás el bolero de caballería que le encantaba escuchar a mi padre, y cuando escuchaba durante el rodaje en una de las escenas, veía a mi padre contándome sus historias durante la dictadura de René Barrientos. Me contaba entre lágrimas y rabias.

¿Qué marcas crees que ha dejado la Guerra del Chaco en la idiosincrasia boliviana?

Algo sé que no olvidaremos y es la labor de los artistas de cualquier disciplina, no enterrar nuestra historia, nuestras luchas, nuestros anhelos como patriotas, antes y ahora. Nuestros beneméritos se muestran valientes, audaces y lo son por esencia misma. Cuando los vemos se despierta esa ven y cuando ya no estén ni uno de ellos con nosotros, lo que quedará será historia, y eso no debemos ignorarla. A tu pregunta, las marcas son: hubo valientes hombres que lucharon ente toda adversidad y eso nos hace tener un legado, ¿te respondí?

 

¿Cuál ha sido tu escena favorita al rodar el filme?

¡La escena del delirio, fue una noche indomable!

 

¿Quién es Raymundo Ramos? ¿En qué proyectos ha participado y cuáles tiene por delante?

Soy un joven que nació en un tren camino de Arque a Cochabamba. Trabaje desde muy niño en diferentes labores, ahora que lo pienso trabajaba de niño no porque a mis padres les faltaba darme, si no, porque para mí el trabajo era la aventura de conocer un mundo. Desde niño, mis oficios fueron desde un barredor de micros en el barrio, ayudante de aguatero del barrio, en la ciudad como vendedor de helados, lustra botas, terminando en el cementerio general como mete aguas, lava autos y artista.

De joven adolescente impulsé, apoyé y fui parte de varios proyectos institucionales y apoyo social. Entre ellos conocí gente muy valiosa que se dieron y me dieron la oportunidad de conocer este mundo del arte: Cristóbal Gonzales de audiovisuales educativos AVE, Edson Quezada, de Educar es fiesta. Después de mi madre y mi padre, los considero mis más valiosos mentores, grandes amigos.

Cuando ya terminé el colegio me fui a estudiar a la Escuela Nacional de Teatro en Santa Cruz, terminando mi carrera emprendí vuelos maravillosos conociendo gente artista joven, como yo, con grandes sueños y el valor de hacerlo. Un primer encuentro fue con la comunidad de artistas “Pachachuyma”, artistas de diferentes disciplinas, éramos íntegros. Un segundo proyecto fue con la compañía de teatro “El limbo”, donde desarrollamos el teatro desde la profesionalidad que merecía y tuvo grades logros, dos obras valiosas y de dos grandes autores. Samuel Beckett, “Acto sin palabras”, fue nuestra primera obra que nos abrió puertas al exterior, en festivales internacionales, en el que nos decían: “Luego de seis años en el festival, el público se paró y aplaudió, felicidades”. Eso es más de lo que un artista puede desear, experiencia así te dan fe de que estas en buen camino y lo que das y haces se te devuelve recíprocamente. En Cochabamba nos conocían, y actuábamos para dos, tres personas y lo hacíamos con la misma fortaleza como lo haríamos en Jujuy, Buenos Aires, Santiago de Chile, y otras ciudades Uruguay, con más de 300 personas… wouuu el teatro es así, así de honorable.

Una segunda obra, fue la de Franz Kafka, “Informe para una academia”, esta obra tuvo particularidad ya que el público de Cochabamba y Bolivia, nos daba un aliento de fe. Salas con buen público, fue una obra que en el Peter Travesi 2016 ganó premio como mejor actor. Tengo un orgullo profundo.

Hoy por hoy estoy impulsando una compañía artística con el nombre de, Rorro Circo Variete. Cuyo objetivo es llegar a los públicos no acostumbrados por el arte, con obras de coyuntura social integrando diferentes artes. Creo en esa misión me debo encaminar.

Periodista