Presentación de la obra en LaLibre.

El pasado 19 de septiembre, gracias a la librería LaLibre – Proyecto Social y Cultural, celebramos el lanzamiento del libro Producir lo Común: entramados comunitarios y luchas por la vida, publicado por la editorial Traficantes de Sueños. En este libro se seleccionaron cuidadosamente experiencias, etnografías y ensayos publicados por la revista de estudios comunitarios El Apantle, en sus tres primeros volúmenes. Gracias al esfuerzo de la librería LaLibre podemos disfrutar de la versión física del libro en Bolivia, actualmente disponible a la venta.

Para este evento especial se invitó a tres comentaristas, Huáscar Salazar, Ros Amils y mi persona, quienes nos dimos a la tarea de navegar un poco por el contenido de las páginas del libro y su amplia relevancia para nuestro contexto local. Es importante destacar que muchas de las reflexiones y debates en el texto han sido inspiradas por las experiencias bolivianas de resistencia efectiva y autodeterminación.

A continuación trataré de resumir algunos de los aspectos más destacados que junto a las compas compartimos durante los comentarios:

Producir lo Común nos brinda elementos centrales de una discusión en curso, de un proyecto que está aún en construcción, conectándonos con una gran cantidad de otras publicaciones realizadas y variadas experiencias. Los ensayos compilados en el libro se nutren de las reflexiones y resultados del seminario de investigación Entramados comunitarios y formas de lo político, coordinado por la profesora Raquel Gutiérrez en la Universidad Pública de Puebla. En este esfuerzo colectivo confluye el trabajo de varios investigadores y activistas de América Latina.

Los ensayos compilados permiten a académicos y activistas fortalecer sus investigaciones y prácticas interrelacionadas, ya que combinan tanto la rigurosidad académica como el compromiso social. En el transcurso de las páginas del libro se visibilizan las luchas de movimientos sociales, feministas, indígenas y otras, que han sido el punto de partida para la construcción de estas discusiones, desde su propio alcance práctico, la lucha y la fiesta. Usando los términos de Donna Haraway, se trataría de la producción de un conocimiento situado, producido desde un contexto de aplicación e implicación.

Como bien se refleja el título, el libro se centra entorno a la producción de lo común, como una clave para pensar nuevas formas de pensar la política. Una forma de pensar la política más allá de sus formas ligadas al Estado, visibilizando los muchos otros lugares para el ejercicio de la política. Bolívar Echeverría y Silvia Federici son dos referentes teóricos y prácticos importantes que nutren las variadas discusiones presentadas sobre esta forma de pensar la producción de lo común.

Gladys Tzul Tzul, una de las autoras presentes en el libro, subraya que “lo comunitario no es necesariamente indígena, ni lo indígena necesariamente comunitario”. Podemos tomar esta idea como punto de partida a fin de ampliar nuestro imaginario y el alcance sobre lo que es lo común y lo comunitario, muchas veces vinculado solamente al ámbito de lo indígena y lo rural. Lo común y lo comunitario pues, no está dado, no es una cosa, un objeto – o no únicamente- este se hace, se construye y se reproduce día a día. Mina Lorena Navarro afirma, en un capítulo del libro, lo común es, antes que nada, una actividad práctica que se establece entre un conjunto de hombres y mujeres que deciden entrelazar sus haceres y establecer vínculos de cooperación para solucionar problemas y necesidades compartidas. Hombres y mujeres que, a partir de la circulación de la palabra, tienen la capacidad de proponerse fines compartidos y establecer los mecanismos para alcanzarlos autónomamente.

Este aspecto nos permite ampliar el imaginario de lo que la discusión sobre lo común a priori parece proponer, en particular para quienes no estamos demasiado familiarizados con las ideas que se han ido madurando en estos debates. La producción de lo común visibiliza múltiples formas de relaciones sociales de resistencia y producción que pueden tener lugar tanto en espacios rurales como urbanos, junto a sus aspectos culturales, éticos, económicos y políticos particulares y concretos. Sin embargo, un aspecto central de estas formas de relacionarse y producir comparten es la centralidad que en todas ellas tiene la reproducción social y material de la vida. En el libro se analizan numerosas experiencias concretas que se han desarrollado a lo largo de Latinoamérica, desde las cuales se habilitan espacios y caminos de transformación social.

George Caffentzis y Silvia Federici, explican que tales iniciativas comunales son la semilla, el embrión de un modo de producción alternativo que aún se está gestando. Los comunes que pretendemos construir tienen por objetivo la transformación de nuestras relaciones sociales y la creación de una alternativa al capitalismo. No están centrados únicamente en proporcionar servicios sociales o en amortiguar el impacto destructivo del capitalismo y son mucho más que una gestión comunal de recursos. En resumen, no son senderos hacia un capitalismo con rostro humano. Los comunes tienen que ser el medio para la creación de una sociedad igualitaria y cooperativa o se arriesgan a profundizar las divisiones sociales, creando paraísos para quienes se lo puedan permitir y que, por ende, puedan ignorar más fácilmente la miseria por la que se encuentran rodeado. Los sistemas comunales que construyamos deberían permitirnos alcanzar mayor poder sobre el capital y el Estado, y prefigurar, aunque sea de modo embrionario, un nuevo modo de producción basado en el principio de solidaridad colectiva y no en un principio competitivo. Por ahora, los comunes que producimos son, necesariamente, formas de transición.

Finalmente, a manera de visibilizar otros ámbitos de la relevancia del libro, se propuso pensar en la importancia de potenciar la producción de lo común para trastocar uno de los aspectos más vanguardistas de la vida moderna-capitalista. Esto es, en los procesos producción de conocimiento y su uso para impulsar la solución de problemáticas locales centrándose en la reproducción social y material de la vida (humana y no humana). En otras palabras, en los procesos sistémicos de innovación que apuestan por la inclusión social y la sustentabilidad medioambiental.

Se reflexionó sobre la actual emergencia global respecto a la situación medio ambiental y de desigualdad social, reconociendo rol de la ciencia y la tecnología en su agravamiento durante la modernidad-capitalista. Los estudios de Arocena, Goransson & Sutz (2018) resaltan que para comprender mejor este fenómeno debe entenderse el conocimiento como el resultado de procesos sociales influenciados por intereses, conflictos y asimetrías de poder los cuales son de gran importancia cuando se analiza sus relaciones con la desigualdad y el deterioro medioambiental.

Para comprender un poco mejor este fenómeno, fue relevante hacer una distinción sobre el carácter histórico-contingente de la relación entre la ciencia y tecnología y el desarrollo del capitalismo en la modernidad. Para ello, Bolivar Echeverria, en su libro “qué es la modernidad?”, nos ayuda a comprender esta relación contingente y la forma en la que el capitalismo discrimina y escoge entre las posibilidades que ofrece la tecnología moderna, y sólo actualiza y realiza aquellas que prometen ser funcionales con la meta que persigue, que es la acumulación de capital (no así, la reproducción de la vida). Le tecnología está siendo vista como una técnica de apropiación, como una técnica que él se limita a actualizar como un instrumento más potente de conquista y dominio sobre la naturaleza, cuando –como veíamos- lo que ella posibilita es justamente la eliminación de todo tipo de relaciones de dominio y poder.

Es así que, nutrido de las experiencias empíricas que hemos desarrollado en el Programa de Innovación de la Universidad Mayor de San Simón, afirmo que la producción de común también puede fortalecer aspectos relacionados a las formas colaborativas para la producción de conocimiento y su uso en el territorio (innovación). Nuevas formas de producción de conocimiento centradas en la reproducción social y material de la vida, para la producción de un conocimiento “otro”. Un conocimiento-otro, o en palabras de David Gess “la ciencia no hecha”, tan necesaria para la producción de alternativas efectivas a los desafíos concretos que vivimos en nuestros territorios, fomentando también el aprendizaje interactivo y la generación de capacidades endógenas para el uso creativo del conocimiento científico y saberes locales.

Personalmente yo valoro mucho los estudios e iniciativas que están desarrollando entorno a la producción de lo común, porque abordan la temática tanto desde la modestia como desde la audacia. Desde la modestia de las experiencias concretas, fieles a los deseos y aspiraciones de sus actores, en contexto, con sus propias historias de éxito, contradicciones y límites. Y desde la audacia, la audacia intelectual para leer entre líneas estas experiencias concretas, tejer lazos de aprendizaje entre ellas y proponerse deconstruir el modo de relacionamiento que propone el capital, desplegando nuevas alianzas y alternativas que nos conduzcan a la producción de experiencias mucho más satisfactorias de transformación hacia un futuro más digno en común.

PhD en tecnociencia, sistemas de innovación y desarrollo