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¿Por qué las mujeres deberíamos ponernos (o dejarnos poner) en la disyuntiva entre golpe o sucesión constitucional? Más aún, ¿por qué al ponernos (o dejarnos poner) en esta disyuntiva debamos creer que se ha parado la violencia contra la mujer, o que las mujeres han dejado de abortar, o que los toborochis han detenido su propia pelea para no desaparecer?

Respaldo totalmente las aseveraciones de Rita Segato quien nos ha devuelto al debate central, al nuestro o ¿es que hay un solo y “principal” debate?

Los detractores de Segato “maximizan” el debate y aseguran que lo que debemos (repito, debemos) es oponernos radicalmente al golpe y la masacre (el psicoanalista Jorge Alemán) y que detenernos en los errores de Morales es una especie de falso diletantismo, que nos distrae de aquello “que mata de verdad”. ¿No sabemos las mujeres sobre lo que mata de verdad? Beatriz Sarlo, por su parte, indica que hay que leer este conflicto desde la historicidad boliviana. ¿Alguien podría estar en contra de que todo conflicto social, en Bolivia, Argentina, Suecia o Kirguistán debe ser leído desde su historicidad? ¿O lo que quiere más bien decir Sarlo es que Segato no lee desde esa historicidad? ¿Y a qué historicidad se refiere Sarlo? ¿No sabemos las mujeres de las múltiples historicidades, o hay una “principal” desde la que “debemos” leer nuestra realidad?

Las mujeres hemos oído con mucha insistencia este argumento de “no jodas con eso ahora que se juega LA HISTORIA; es decir, lo fundamental. Lo tuyo vale, pero no ahora, o te sumas, o estás en contra (de la historia)”.

¿Y qué de nuestros debates sobre “otro tipo de política”, o nuestro rechazo a la “política” en la que hemos advertido siempre rasgos patriarcales cuando no coloniales? ¿Y qué con nuestras constataciones de que en “temas” de mujeres se juntan los de aquí y los de allá, los golpistas y los de izquierda, los cristianos y demás?

¿Podemos olvidar todo eso en aras de “ubicarnos” en un debate de si esto es golpe o cuán golpe es? Como en otras oportunidades, la “agenda” amenaza con ganarnos para sus filas.

De manera muy lúcida y feminista Segato se ha animado a decir cosas que estábamos olvidando: la afrenta machista sistemática del gobierno de Morales, la afrenta ecocida, sistemática de Morales y la afrenta persistentemente etnocida de Morales. ¿Hay que recordar sus dichos y hechos machistas? ¿Hay que recordar TIPNIS y Chaparina? ¿Hay que recordar el incendio en la Chiquitanía? En cualquier caso, hermanas, no hay que olvidarlo, ni tampoco “dejarlo” para después de que se “arreglen” estos conflictos.

Hay cosas que van más allá de Morales, Mesa, Camacho, o quién sea.

Y finalmente, ¿no es el estado el que está jugando con sangre, y no lo hace siempre, especialmente cuando “el poder se le va de las manos?, ¿lo hemos olvidado?

Estos días he participado en barricadas y vigilias, junto a mujeres que en medio debíamos abastecernos de algunos alimentos. ¿Me hace militante de Evo? No por cierto, me hace militante de la vida, contra la represión siempre, y por el dolor de las madres que lloran a su hijos, siempre.