Paul McCartney todavía intenta entender el amor

Paul McCartney, como el resto de nosotros, este año se encontró con una inesperada cantidad de tiempo atrapado en casa. A diferencia del resto de nosotros —o la mayoría de nosotros— utilizó ese tiempo para grabar un nuevo álbum. Las circunstancias inducidas por la pandemia en su proceso creativo pueden marcar a McCartney III como una producción atípica en el catálogo del ex Beatle, pero como su título sugiere, tiene precedentes: al igual que McCartney (1970) y McCartney II (1980), el álbum, que se lanza el 18 de diciembre, fue grabado principalmente por McCartney, quien tocó casi todos los instrumentos y se encargó de toda la producción. “En ningún momento”, dijo McCartney, “pensé: estoy haciendo un álbum. Mejor me lo tomo en serio. Esto fue más bien: Estás encerrado. Puedes hacer lo que te dé la gana”. Lo cual fue muy divertido, como siempre. “Lo que me sorprende”, explicó McCartney, “es que no estoy harto de la música. Porque, estrictamente hablando, debería haberme aburrido hace años”.

Me parece que trabajar de lleno en tu música, como lo hiciste en el nuevo álbum, podría dar algunas ideas sobre lo que haces y cómo lo haces. Entonces, ¿hay aspectos de McCartney III que representan un crecimiento creativo para ti?

La idea de crecer y añadir más flechas a tu arco es agradable, pero no estoy seguro de si me interesa. La cosa es que, cuando miro atrás y recuerdo “Yesterday”, que fue escrita cuando tenía 21 años o algo así, estoy hablando como un hombre de 90 años: “De repente no soy ni la mitad del hombre que solía ser”. Cosas como esas y “Eleanor Rigby” tienen una especie de sabiduría. Naturalmente pensarías, OK, a medida que envejezca voy a profundizar, pero no estoy seguro de que eso sea cierto. Creo que es un hecho de la vida que las personalidades no cambian mucho. A lo largo de tu vida, ahí estás tú.

¿Hay algo diferente en la naturaleza de tu don musical a los 78 años que en 1980 o 1970 o cuando empezaste a escribir canciones?

Es la historia que cuentas. Eso cambia. Cuando le dije por primera vez a John, “He escrito algunas canciones”, eran simples. Mi primera canción se llamaba “I lost my little girl”, cuatro acordes. Entonces nosotros entramos en la siguiente fase de la composición, que era hablar con nuestros fanáticos. Eran canciones como “Thank You Girl”, “Love Me Do”, “Please Please Me”. Luego vino una rica vena a medida que madurábamos, con cosas como “Let It Be”, “The Long and Winding Road”. Pero básicamente creo que todo eso es lo mismo y, a veces, tienes suerte. Como, “Let It Be” vino de un sueño en el que mi madre había dicho esa frase. “Yesterday” vino de un sueño de una melodía. Soy un gran creyente en los sueños. Soy un gran recordador de los sueños.

¿Cuál fue el último sueño interesante que tuviste?

El de anoche fue bastante bueno.

¿Qué fue?

Era de naturaleza sexual, así que no estoy seguro de que sea bueno para la sección de niños. Sin embargo, fue bastante bueno. Muy interesante, sueños de naturaleza sexual cuando estás casado. Porque tu cabeza de casado está en el sueño diciendo: “No hagas eso. No vengas para acá”. Y solo para que lo sepas, no lo hice. Sin embargo, fue un buen sueño.

Sabes, fui muy consciente de no mencionar a los Beatles al principio de esta entrevista, y ya los has mencionado unas cuantas veces. Así que déjame preguntarte: la banda se separó hace 50 años. Estuviste en ella unos diez años. Cuando no estás dando entrevistas o conciertos, ¿cuán central son esos diez años, de hace medio siglo, para la historia de tu vida?

Mucho. Era una gran banda. Eso es reconocido de manera universal.

Hablando en general.

[Risas] Es como tus recuerdos de la escuela secundaria, esos son mis recuerdos de los Beatles. Este es el peligro: en una cena, puedo contar historias sobre mi vida, y la gente ya las conoce. Puedo ver a todos ahogando un bostezo. Pero los Beatles son ineludibles. Mi hija Mary me envía una foto o un texto varias veces a la semana: “Ahí estabas en un anuncio” o “Te escuché en la radio”. Lo que me sorprende ahora, por mi venerable edad, es que de pronto estoy con uno de los mejores dermatólogos de Nueva York, y es un fanático de los Beatles a rabiar. Todo eso me asombra. Estábamos tratando de darnos a conocer, estábamos tratando de hacer un buen trabajo y lo hicimos. Así que para mí, todo son recuerdos felices.

McCartney III saldrá muy cerca del 40 aniversario de la muerte de John Lennon. ¿Ha cambiado tu procesamiento de lo que le pasó a lo largo de los años?

Para mí, es difícil pensar en eso. Reproduje el escenario en mi cabeza. Muy emotivo. Tanto que no puedo pensar en eso. Como que implosiona. ¿Qué puedes pensar en eso además de la ira, la pena? Como cualquier duelo, la única salida es recordar lo bueno que era estar con John. Porque no puedo superar el acto sin sentido. No puedo pensar en eso. Estoy seguro de que es alguna forma de negación. Pero la negación es la única forma en que puedo lidiar con eso. Dicho esto, por supuesto que pienso en eso, y es horrible. Haces cosas para ayudarte a salir de eso. Hice una entrevista con Sean, su hijo. Fue muy agradable, hablar de lo genial que era John y llenar los pequeños vacíos en su conocimiento. Así que son pequeñas cosas que puedo hacer, pero sé que ninguna de ellas puede hacer que pase y que esté bien. Pero, ¿sabes?, después de que lo mataron, lo llevaron a la funeraria de Frank Campbell en Nueva York. A menudo paso por ahí. Nunca paso sin decir: “Muy bien, John. Hola, John”.

¿Y qué hay de tu perspectiva sobre el trabajo que hicieron juntos? ¿Ha cambiado?

Siempre pensé que era bueno. Todavía pienso que es bueno. A veces tenía que asegurarle que era bueno. Recuerdo que una vez me dijo: “¿Qué van a pensar de mí cuando esté muerto? ¿Me recordarán?”. Me sentí como el hermano mayor, aunque era mayor que yo. Le dije: “John, escúchame. Vas a ser tan recordado. Eres tan [grosería] grande que no hay manera de que esto desaparezca”. Supongo que fue un momento de inseguridad por su parte. Me enderezó en otras ocasiones. Fue una gran colaboración. No se me ocurre ninguna otra colaboración mejor, y ha habido millones. Me siento muy afortunado. Nos conocimos en Liverpool a través de un amigo mío, Ivan Vaughan. Ivan dijo: “Creo que te caerá bien este amigo mío”. La vida de todos tiene magia, pero ese tipo que nos unió a John y a mí, y luego George subiendo a un autobús, tuvieron que pasar muchísimas coincidencias para que los Beatles fueran posibles.

La gente siempre te pregunta por John. He notado que raramente preguntan por George, quien también murió relativamente joven.

John es probablemente el único del grupo que recordarías, pero las circunstancias de su muerte fueron particularmente desgarradoras. Cuando mueres horriblemente, se te recuerda más. Pero me gusta tu punto, que es: ¿Qué hay de George? A menudo pienso en George porque era mi compa. El otro día estaba pensando en mi fase de pedir aventones. Eso fue antes de los Beatles. De repente me entusiasmé con hacer dedo, así que le vendí esta idea a George y luego a John.

Conozco ese recuerdo. Tú y George pidieron aventón hasta Paignton.

Sí, Exeter y Paignton. Hicimos eso, y luego también pedí aventón con John. Él y yo llegamos hasta París. Lo que estaba pensando era… es interesante cómo yo fui el instigador. Ninguno de ellos vino a mí y me dijo, “¿Deberíamos pedir aventón?”. Fui yo, como que dije “tengo esta gran idea”.

¿Por qué es interesante?

Mi teoría es que esa actitud nos siguió en nuestra carrera discográfica. Todo el mundo estaba pasando el rato, y yo los llamaba y les decía: “Chicos, es hora de un álbum”. Entonces todos nos reuníamos, y todos se quejaban. “Nos está haciendo trabajar”. Solíamos reírnos de eso. Así que de la misma manera que instigaba a las vacaciones mediante aventones, proponía ideas como: “Es hora de hacer un disco”. No recuerdo que Ringo, George o John me llamaran y me dijeran eso.

¿Qué tan extraño es compartir un recuerdo ocioso de tu juventud, como acabas de hacer con esa historia del aventón, y que la persona con la que lo compartes —en este caso, yo— conozca el recuerdo? Parece que sería extraño.

Es bastante molesto, David. Es como si la gente en la cena bostezara cuando cuento historias. Me pasa siempre.

Incluso conozco los detalles. Tú y George durmieron en la playa.

Correcto.

Algunas chicas del Ejército de Salvación los mantuvieron calientes.

Sí.

¿Y en un determinado momento te sentaste sobre una batería de coche y sufriste una descarga eléctrica en el trasero?

¡Fue George quien lo hizo! Tengo un recuerdo muy claro. Me mostró la cicatriz. Dejemos las cosas claras: era el trasero de George, y era una quemadura con la forma exacta del cierre de sus jeans.

¿Recuerdas lo último que te dijo George?

Dijimos cosas tontas. Estábamos en Nueva York antes de que se fuera a Los Ángeles a morir, y fueron tontas pero importantes para mí. Y, creo, que eran importantes para él. Estábamos sentados, y yo sostenía su mano, y se me ocurrió —nunca lo he dicho— que no quería agarrar la mano de George. No le coges la mano a tu compañero. Quiero decir, no lo hicimos. Y recuerdo que él estaba un poco molesto por tener que viajar todo el tiempo, persiguiendo una cura. Había ido a Ginebra para ver qué podían hacer. Luego vino a una clínica especial en Nueva York para ver qué podían hacer. Entonces se pensó en ir a Los Ángeles y ver qué podían hacer. Se le ocurrió decir: “¿No podemos quedarnos en un solo lugar?”. Y yo dije: “Sí, Speke Hall. Vamos a Speke Hall”. Esa fue una de las últimas cosas que nos dijimos, sabiendo que él sería la única persona en la habitación que sabría lo que era Speke Hall. Probablemente sabes qué demonios es.

Sí.

¡No puedo sorprenderte con nada! De todos modos, lo bueno fue que estaba sosteniendo sus manos, me miró, y hubo una sonrisa.

¿Cuántas buenas historias de los Beatles quedan por contar que no se hayan contado?

Hay millones. A veces la razón es que son demasiado privadas, y no quiero chismosear. Pero las historias principales se cuentan y se vuelven a contar.

¿Se te ocurre alguna que no hayas contado antes?

Hmm… Voy a hurgar en el pasado. ¡Oh, te contaré una! Pensé en una esta mañana. Es bastante buena. No creo que lo haya contado. Vas a tener que decir en el artículo, “Lo obligué a contarlo”, porque es como revelar información confidencial.

Aquí estoy entonces, obligándote.

Cuando hicimos el álbum “Abbey Road”, el fotógrafo se había instalado y tomaba las fotos que acabaron siendo la portada del álbum. Linda también estaba allí, tomando fotos casuales. Tiene algunas de nosotros —creo que estábamos los cuatro— sentados en los escalones de los estudios Abbey Road, mientras tomábamos un descanso de la sesión, y estoy en una conversación bastante seria con John. Esta mañana lo pensé, recuerdo por qué. Los contadores de John habían llamado a mis contadores y dijeron: “Alguien debe decirle a John que tiene que completar sus declaraciones de impuestos. No lo está haciendo”. Así que yo intentaba decirle: “Escucha, hombre, tienes que hacerlo”. Intentaba darle el consejo sensato de que no te arresten por no declarar tus impuestos. Por eso me veía tan serio. No creo que haya contado esa historia antes.

Declaraciones de impuestos. Eso es un secreto profundo.

He ido al fondo del pozo de los recuerdos.

Sé que tu objetivo al hacer música es hacer algo que te guste. ¿Qué es lo que más te gusta del nuevo álbum?

Estoy muy contento con “Women and Wives.” He estado leyendo un libro sobre Lead Belly. Investigaba sobre su vida y pensaba en la escena de blues de ese entonces. Me encanta ese tono de voz y la energía y el estilo. Así que estaba sentado al piano, y pensaba en Huddie Ledbetter, y empecé a hacer un poco de ruido en clave de Re menor, y se me ocurrió esto. “Hear me women and wives”, en un tono vocal como el que imagino que un cantante de blues podría hacer. Estaba influido por Lead Belly, por el universo, por el blues. Y la razón por la que estoy contento con esto es porque la letra es un buen consejo. Es un consejo que no me molestaría que me dieran.

Hay una canción en McCartney III, “Pretty Boys”, que es un poco inusual para ti, ya que la música es algo modesta, pero la letra tiene un lado casi siniestro. ¿Qué la inspiró?

Te lo diré exactamente. He sido fotografiado por muchos fotógrafos a través de los años. Y cuando llegas a Londres, y tienes sesiones con gente como David Bailey, pueden ponerse muy enérgicos en el estudio. Es como Blow-Up ¿sabes?, “¡Dámelo! ¡El [grosería] lente!”. Y es como: “¿Qué? No, no voy a hacerlo”. Pero entiendo por qué lo hacen. Son esa clase de artistas. Así que lo permites. Ciertos fotógrafos —tienden a ser muy buenos fotógrafos, por cierto— pueden pasarse de la raya en el estudio. Así que “Pretty Boys” es sobre los modelos masculinos. Y cuando andas por Nueva York o Londres, ves las filas de bicicletas de alquiler. Me pareció que son como modelos, están ahí para ser usadas. Es muy desafortunado.

“Lavatory Lil” es otra canción de la que tenía curiosidad. Qué título.

“Lavatory Lil” es una parodia de alguien que no me gustaba. Alguien con quien trabajaba y que resultó ser un poco mala gente. Pensé que las cosas eran fabulosas; se volvió desagradable. Así que inventé el personaje de Lil del Lavabo y recordé algunas de las cosas que habían pasado y las puse en la canción. No necesito ser más específico que eso. Nunca divulgaré quién fue.

Tengo otra pregunta sobre asuntos más importantes. En tu experiencia, ¿cómo es el amor en el matrimonio en diferentes etapas de tu vida y en diferentes matrimonios?

No creo que sea diferente. Siempre es un rompecabezas espléndido. Aunque escribo canciones de amor, no creo saber lo que pasa. Sería genial si fuera suave y maravilloso todo el tiempo pero, aunque tengas mucho de eso, a veces es… tú puedes ser fastidioso. Para Nancy soy bastante complejo, por todo lo que he pasado.

¿En qué sentido?

Soy un chico pobre de clase trabajadora de Liverpool. He hecho música toda mi vida. He tenido un gran éxito, y la gente a menudo trata de hacer lo que quiero, así que tienes un falso sentimiento de omnipotencia. Todo eso junto hace que una persona sea compleja. Todos somos complejos. Bueno, tal vez yo soy más complejo que otras personas porque vengo de la pobreza.

¿Y cómo piensas sobre el dinero en estos días?

Obviamente he cambiado. Lo que ha permanecido igual es el núcleo central. Cuando era niño en Liverpool, solía escuchar las conversaciones de la gente. Recuerdo a un par de mujeres que hablaban de dinero: “Ah, mi marido y yo, siempre discutimos sobre dinero”. Y recuerdo que pensaba muy conscientemente: “Ok, lo resolveré; intentaré tener dinero”. Eso me puso en el camino de “no tengamos demasiados problemas con el dinero”. Lo que pasó también fue que, al no tener mucho dinero, cuando entraba algo en la casa, era importante. Era importante cuando se entregaba mi cómic semanal. O mi amigo por correspondencia —tenía un amigo por correspondencia en España, Rodrigo— cuando llegaba su carta, era un gran acontecimiento. Cuando venían regalos en los cómics, con pequeñas chucherías, las guardaba todas. Algunos dirían que es un instinto de acaparamiento, pero el no tener nada cuando era niño me ha quedado en lo que respecta al dinero. Sabes, estoy un poco loco. Mi esposa no lo está. Sabe que puedes deshacerte de las cosas que no necesitas.

¿Eres un acumulador?

Soy un conservador. Si voy a algún sitio y me dan lo que he comprado en una bonita bolsa, querré quedarme con la bolsa. Mi razonamiento es que tal vez mañana quiera poner mis sándwiches en ella. Mientras que Nancy dice: “Conseguiremos otra bolsa”. De esa manera, mi actitud hacia el dinero no ha cambiado tanto. Es el mismo instinto de conservación. Una de las grandes cosas de ahora sobre el dinero es lo que puedes hacer con él. Si mi familia y amigos tienen algún problema médico, puedo decir: “Voy a ayudar”. Lo mejor de tener dinero es que puedes ayudar a la gente.

Algo que ha sido una constante para ti musicalmente es tu habilidad para seguir creando melodías. Se nota en el nuevo álbum, las melodías fluyen. ¿En algún momento tu facilidad para escribir una melodía pegajosa ha sido un obstáculo para que las canciones sean más que pegajosas? Porque una buena melodía por sí misma no siempre es suficiente para hacer una buena canción. “Bip Bop” sería un ejemplo de ello. ¿Sabes a lo que me refiero?

No, lo sé. “Bip Bop” no es líricamente impresionante. Siempre me avergonzó esa canción. Literalmente, dice, “Bip Bop / toma tu último centavo”. Es intrascendente. Pero se lo mencioné a un amigo, un productor, hace unos años, y me dijo: “Es mi canción favorita”. Así que no sabes lo que le gusta a la gente. Basta con que me guste y disfrute poniéndola en el disco y no quiera particularmente pensar en más letras. No quiero darle vueltas. A veces sería mejor si le diera más vueltas. Una o dos veces traté de darle vueltas, y lo odié. Es como… ¿Por qué haces esto?

Sesenta y tantos años escribiendo canciones, ¿te sientes más cerca de saber de dónde vienen las melodías?

No. Hay algo en mi habilidad para escribir música de lo que no creo que sea necesariamente responsable. Parece que me resulta más fácil —toco madera— que a algunas personas. Eso es todo. Soy un hombre afortunado.

 

*Esta entrevista ha sido editada y condensada, a partir de dos conversaciones, con el fin de ofrecer mayor claridad.

David Marchese/The New York Times