Olivier Assayas: “Rodar La red Avispa fue como ir a la guerra”

Nando Salvà/El Periódico

Títulos como Irma Vep (1996), Carlos (2010) y Viaje a Sils María (2014) lo han convertido en uno de los cineastas actuales más respetados por la crítica, pero eso no impidió la pobre acogida recibida en la pasada Mostra de Venecia por su nuevo trabajo, La red Avispa. Tras el certamen, el francés volvió a meterse en la sala de montaje, y el resultado es la versión de la película se encuentra disponible en Netflix. En ella, Assayas recrea uno de los casos de inteligencia más sonados en la tensa relación entre Cuba y Estados Unidos: el de los agentes cubanos que en los años 90 se infiltraron en organizaciones anticastristas de Miami consideradas terroristas por el gobierno de La Habana.

¿Por qué decidió hacer cambios en la película tras estrenarla en la Mostra?
Antes de viajar a Venecia yo ya sabía que la película necesitaba ciertos ajustes, porque la historia que en ella se cuenta es muy compleja y la primera versión resultaba algo confusa. El problema es que no tuve tiempo de hacerlos antes de estrenarla. Mejor dicho, ese es solo uno de los problemas. Desde que empecé a rodar, todo han sido dificultades.

¿A qué se refiere?
Conté con un presupuesto muy reducido para completar una película tan ambiciosa. El rodaje exigió pasar cuatro meses en Cuba, y en ese tiempo los miembros de mi equipo fueron cambiando. Además, es un país con grandes carencias a nivel logístico: no hay botes, ni aviones, ni helicópteros, y necesitábamos esas cosas para rodar. Incluso enviar dinero allí desde Francia es complicado. Entretanto, Brasil detuvo el comercio con la isla en cuanto Jair Bolsonaro ascendió al poder, y el intento de derrocar el gobierno de Maduro en Venezuela generó un clima de gran tensión, porque la economía cubana es extremadamente dependiente de Caracas. Por último, no hay que olvidar que Trump intensificó el bloqueo económico de Estados Unidos contra el país.

La película trata un asunto controvertido. ¿Complicó eso también el rodaje?
Está claro que no hicimos amigos ni entre los castristas ni entre los anticastristas. Vivíamos inmersos en un clima de desconfianza. Sé que hubo espías infiltrados en mi equipo, y que los teléfonos móviles y los ordenadores nos fueron rastreados. Rodar fue una experiencia emocionante y fascinante, pero extenuante. Cada mañana tenía la sensación de ir a la guerra.

¿Por qué decidió contar esta historia?
Siempre me ha gustado complicarme la vida, me temo. Además, mi película inmediatamente anterior, Dobles vidas (2018), era una sucesión de conversaciones entre intelectuales, y tras su estreno muchos me preguntaron: “Olivier, ¿por qué haces películas tan aburridas?”. La red Avispa fue mi reacción. Por último, pertenezco a una generación que está fuertemente influenciada por los acontecimientos de la Guerra Fría, y siento que siguen estando de plena actualidad.

Las cosas no han cambiado tanto…
Exacto. Los rusos y los estadounidenses siguen espiándose e intoxicándose, la CIA continúa apoyando intentos de golpe de estado, la propaganda y la manipulación se mantienen a la orden del día. Por lo que respecta a Cuba, nada ha cambiado allí. El país sigue cerrado a cal y canto, y los anticastristas radicales siguen conspirando desde Florida.

Señor Assayas, La red Avispa llega a Netflix justo cuando la pandemia de coronavirus ha agravado las incertidumbres respecto al modelo de producción y distribución de películas y al futuro de las salas de cine. ¿Qué piensa al respecto?
Me resulta muy difícil opinar. Sospecho que pasará bastante tiempo antes de que vuelva la normalidad tanto en los rodajes como en el consumo de películas en pantalla grande. El auge que el ‘streaming’ ha experimentando en los últimos meses va a tener efectos muy importantes pero, en todo caso, la popularidad de Netflix solo demuestra que el público sigue necesitando películas. Quiero creer que la gente está ansiosa por volver a las salas y que, por tanto, la experiencia cinematográfica tradicional prevalecerá.

Un mal cuento

Juan Pablo Russo/escribiendocine

La red avispa (Wasp Network, 2019), la película de espías del francés Olivier Assayas, inspirada en el libro Los últimos soldados de la Guerra Fría, de Fernando Morais, es una de esas películas desconcertantes que tiene todos los elementos para volar alto pero que nunca termina de despegar. Se estrenó en Netflix tras su paso por la Mostra de Venecia y el Festival de San Sebastián.

La historia de los “Cinco Cubanos”, es tan conocida como interesante y Olivier Assayas utiliza algunos elementos de esta en La red avispa. René González (Édgar Ramírez) es un piloto cubano que, aparentemente, deja a su esposa (Penélope Cruz) y a su hija pequeña para huir a los Estados Unidos en los años 90. Instalado en Miami, usa sus habilidades como piloto para ayudar a un gran número de cubanos a escapar de la isla.

En el segundo de los tres hilos argumentales, Juan Pablo Roque (Wagner Moura) nada hacia la Bahía de Guantánamo y dice ser un desertor del ejército. En Miami, empieza a salir con la recién divorciada Ana Margarita Martínez (Ana de Armas). Ella sospecha que pasa algo raro cuando Roque empieza a comprar Rolex, cadenas de oro y trajes de 2.000 dólares.

Después viene el tercer hilo con el giro inesperado de que estos hombres son agentes dobles que trabajan para Cuba. Pero lo que sucede es que si Assayas pretendía sorprender con este movimiento, no lo consigue porque la historia es conocida por todos. Ni siquiera lo logra con la sorpresiva  aparición de Gael García Bernal, que interpreta al líder de la Red Avispa, Gerardo Hernández, ni con el uso de material de archivo de Clinton y Fidel Castro, un elemento bastante trillado y que no aporta nada.

Es extraño que un director y guionista con la habilidad Assayas no logre sacar a flote una historia tan atractiva como su elenco de estrellas latinas que se completa con el argentino Leonardo Sbaraglia. Pero lo más sorprendente es que los giros narrativos sean tan forzados y bruscos como las elipsis temporales. Por ejemplo, la relación entre Roque y Martínez termina con él desapareciendo repentinamente para aparecer en la televisión cubana criticando a Estados Unidos.

Desafortunadamente da la impresión de que se trata de una buena historia mal resuelta, que pierde el rumbo y no sabe cómo cerrar todos los frentes que abre en apenas 120 minutos. Aunque por lo menos resulta entretenida.