Nadie sabe que estoy aquí

El cine vuelve a ser de los productores. Con el abrazo de dos grandes como son los hermanos Larraín y su productora Fábula, la opera prima del director chileno Gaspar Antillo llega segura, sólida y bien abrigada al público a través de Netflix.  Nadie sabe que estoy aquí es la historia de Memo, Jorge García  (Hurley de la serie Lost), un muchacho dueño de una voz prodigiosa y de un cuerpo enorme y poco “vendedor” que, por un accidente, se vuelve una isla.

Se enrosca en sí mismo. Tierno y callado, huye del público, de su familia, del mundo. Y se va a vivir con su tío a un pueblo en el sur de Chile, en Llanquihue. No se puede llegar ahí más que en bote, como en una isla. Una isla dentro de otra isla, protegiéndose de ese mundo cruel y caníbal que es el mundo del espectáculo.

El accidente que lo vuelve una isla es casi una leyenda urbana, la historia más conocida del mundo. Un chico talentoso que tiene el look equivocado canta tras bambalinas dándole vos a otro chico con el look correcto pero con cero talento. Un día, Memo en un arranque de furia empuja del escenario al chico que lo suplanta en la escena dejándolo paralítico para siempre. Ahí termina la historia de su vida como cantante en la adolescencia y empieza la de su vida ahogando el canto, la voz y el talento. Memo habla poco hasta que llega a su isla, montada en un bote, Marta (Millaray Lobo) quien se interesa por él y le saca la voz.

El luminoso y hermoso paisaje del sur de Chile se luce aquí acompañando una pequeña y conmovedora historia. Bien fotografiada (Sergio Armstrong) y correcta en su narración, esta ópera prima nos lleva al mundo interior de un ser que solo quiere silencio para que se escuche su voz, una voz que le habían robado. Hacia el final de la película, finalmente, la voz, escuchamos la canción que él canta y compone como instrucciones para ver la película: “Nadie sabe que estoy aquí. Escucha mi voz más allá de mis ojos, siente el amor, siente el viaje, no hay nubes en el cielo, no hay razón para llorar, solo las estrellas que brillan dentro”. (Alba Balderrama)