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Mujer y negra es la nueva intérprete del papel del agente 007 en la cinta Sin tiempo para morir.

Hija de inmigrantes jamaicanos, tras darse a conocer ante el público de masas como piloto de caza en Capitana Marvel, la actriz, cantante y dramaturga Lashana Lynch es la sucesora de Daniel Craig en la saga de James Bond.
Tras meses de rumores y de alegatos controversiales en torno a la posibilidad de que una mujer encarne un papel que hasta ahora había sido siempre interpretado por hombres, la propia actriz ha sido la encargada de confirmar que su personaje, Nomi, es la agente que adopta el código 007 dentro de los servicios secretos británicos después de que James Bond se retire.
Este argumento ha desatado polémica, semejante a la que surgió cuando se anunció que la longeva serie Doctor Who estaría protagonizada por una mujer, la actriz Jodie Whittaker.
El cambio en la saga de espionaje ideada por Ian Fleming no ha sido bien recibido por muchos, incluida la misma productora del filme, Barbara Broccoli, quien alega que una mujer no tiene por qué tomar el papel de un hombre. Curioso porque Broccoli, de 58 años, sustituyó a su padre, Albert, al frente de la productora británica Eon Productions.
Lashana Lynch hace su primera aparición en la saga junto al actor Daniel Craig en ‘No Time To Die’, la más reciente película de James Bond.
Esto trasciende a lo que Broccoli y demás detractores entienden como una mera suplantación de una mujer por hombre. Es una batalla cultural la que se está dando. En especial en una saga en la que hasta ahora las mujeres habían cumplido un papel meramente decorativo o de atractivo sexual al servicio del protagonista. Se trata de romper con el estigma de las mujeres y presentar la intersección de ser mujer negra en un mundo que privilegia a los hombres blancos.
La reacción en redes ha sido tan violenta que en la primera semana tras el aviso de su protagónico, Lynch decidió cerrar sus redes personales. Fue el primer paso para demostrarle a la masculinidad tóxica que no influiría en ella.
No obstante, Lynch está consciente de que los ataques no son personales. “Soy una mujer negra. Si hubiera sido otra mujer negra la elegida, el debate habría sido el mismo, habría recibido los mismos ataques”, mencionó en una entrevista para Harper´s Bazaar.
No obstante, es hora de plantearnos si la visibilización está siendo suficiente. Tras meses de marchas, tanto de mujeres como en contra del racismo, es posible concluir que éstas aún no han tenido el impacto deseado. De lo contrario, no estaríamos viendo tantas muestras de encono e insultos por parte de quienes se sienten ofendidos por el creciente protagonismo femenino. Es aquí donde se vuelve necesario entender que visibilizar no es resolver. Las acciones afirmativas son necesarias en la búsqueda de soluciones a los daños perpetrados a nuestro tejido social, sin que esto signifique que la visibilización de causas se transforme en un mero marketing oportunista disfrazado de activismo.
Bertolt Brecht lo explicaba a través del teatro, pero aplica al arte en general. La manifestación artística debe suscitar el deseo de conocer y organizar el placer que se experimenta al cambiar la realidad, y los espectadores deben no solo aprender cómo se libera a Prometeo encadenado, sino también prepararse para el placer que se siente al liberarlo. Se trata de visibilizar, sí. Pero también de influir y modificar. La nueva agente tiene un reto más complejo que el de vencer a un arquetípico villano unidimensional. Para vencer en esa batalla cultural necesitará algo más que astucia y gadgets.
Autora: Sarai Aguilar Orriozola
Maestra en Artes y doctora en Educación. Coordinadora del Departamento de Artes y Humanidades del Centro de Investigación y Desarrollo de Educación Bilingüe UANL.