La belleza del terror

El clásico

Para alguien cuyos sustos logran mantenerse en el tiempo y le cuesta mucho ver películas de terror (como a mí), El exorcista es recomendable. No solo porque es el clásico de clásicos de las películas que dan miedo, sino porque ese reparto dentro de esa historia setentera y todo lo que se dice hubo alrededor de su grabación, son una buena combinación para asustarse un poco, pero no tanto y poder seguir con la vida. Dirigida por William Friedkin, la película es una adaptación de la novela de William Peter Blatty que dicen que se inspiró en un exorcismo real en 1949. Creo que la película sigue funcionando principalmente porque toca uno de los peores miedos humanos, que el monstruo bajo la cama se apodere de tu cuerpo y te convierta en la misma encarnación del demonio. Aunque todo tiene una visión muy católica del bien versus mal, los efectos de la cabeza que gira, los vómitos, etc, etc. son todavía buenos y lo que más me gusta, como mala consumidora de películas de terror, es que al final todo vuelve a la calma, la niña ya no es un bicho asqueroso y el día vuelve a ser soleado.

Claudia Eid/Dramaturga y directora del Elenco de Teatro El Masticadero

Películas de los 70 para enfrentar el misticismo de Todos Santos

Mi madre suele decir que en el fin de semana – o los días – que abarcan Halloween y Todos Santos el aire se enrarece y la atmosfera de la ciudad se ve cargada de misticismo, de un ambiente “pesado”, porque nuestro mundo entra en roce con el de los muertos, convivimos con el otro lado por un par de horas. Para potenciar esta sensación, este morbo, me armaba, en una época donde quería “cultivar” mi gusto por el cine y ver solo lo mejor de lo mejor, una maratón de filmes con base en mis búsquedas de Google de “las películas que más miedo dan de la historia”.

Tiempo después descubrí que todas esas cintas que marcaron mi gusto por el género de terror, hace siete u ocho años en los días de esta misma temporada, tenían un punto en común: eran de la década del 70. El mejor horror que ha producido Hollywood está en esa época y si alguien se anima a enfrentar a apropiarse de aquella energía que evidencia el paso de los muertos y lo sobrenatural que nos rodea estos días, debe seguir este recorrido que empieza con El Bebe de Rosemary (1969) y termina con El Resplandor (1980), teniendo en el camino a El Exorcista (1973), La masacre de Texas (1974), Carrie (1976), La profecía (1976), Suspiria (1977), Halloween (1978) y Alien (1979).

Caio Ruvenal/Periodista

El gabinete del doctor Caligari (1920)

Halloween es mi navidad. Toda mi cinefilia nace a partir del cine de terror, así que me sobran ganas de hablar de una pionera a 100 años de su estreno.

Mi historia de amor con el terror fue muy prematura, y me hice un curioso y adicto al miedo hollywoodense en todos sus sabores y colores. Siempre satisfecho, pero pidiendo más.

Gracias al (o por culpa del) mercado pirata de nuestro país, se me hizo fácil ver y coleccionar centenares de discos y casetes de la mayoría de los Slashers esenciales y lo mejor del horror asiático. No digo que sea normal, pero el horror siempre fue lo más accesible, y a mis 12, la sangre me sabía a kétchup.

Pero tardé en conocer esta obra muda y de cartón, que quizás sea una de las más importantes de la historia. Esta cinta alemana se atrevió a tomar el expresionismo de las artes plásticas y lo surrealista de la literatura consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Una revolución visual atemporal.

Obra tan vieja como mágica que incrustó la palabra “estilo” en el séptimo arte. Puede ser disfrutada libre y legalmente por YouTube.

Luis Romero/Licenciado en Comunicación (https://bocasalada.wordpress.com/)

El horror en una piscina

Las plantaciones de maíz, los bosques tupidos y densos, las cabañas alejadas, las montañas y los lagos; esos clásicos lugares rurales en los que el cine ha ubicado las historias de terror más inquietantes, de vez en cuando, cambian y cuando eso sucede cosas maravillosas, incluso hermosas, suceden. Como cuando una historia de vampiros se traslada a una moderna piscina cerrada en Suiza. Eso precisamente le permitió, a la película Let the right one in (2008) del director sueco Tomas Alfredson, construir una de las mejores y más bellas escenas del cine de terror.

Interior, noche, piscina olímpica techada. En esa inmensidad, un niño, el protagonista Oskar, se queda solo porque cuatro chicos bullys que lo persiguen quieren “jugar” con él. Oskar, indefenso y en el agua, sabe que está perdido, no le queda otra que obedecer al reto de permanecer 3 minutos bajo el agua. Cámara bajo el agua. Y aquí sucede la magia, vemos todo bajo el agua. Más aún, escuchamos la escena sumergidos.  Oskar intentando mantener la respiración, ojos cerrados, una mano que lo sujeta de la cabeza. Dos minutos así y al fondo de la piscina unas piernas se mueven a una velocidad poco natural, poco después la cabeza de un joven cae al fondo de la piscina, Oskar no ve nada porque sigue aguantando la respiración, el brazo que lo sujeta lo libera y, sangrante, se desprende y se hunde en la piscina. Una mano lo agarra del brazo y lo saca a la superficie. Fuera del agua lo esperan los ojos de esa niña extraña que es su amiga y que le dijo, cuando él le pidió que fuera su chica: Oscar no soy una chica. Algo de onírico, de cine puro sucede en esta escena que es puro sugerencia.

Alba Balderrama/ Productora y gestora cultural

 El refugio del slasher

Mi fanatismo por el género slasher nació el 94 o 95, cuando el videoclub “Errol’s” se abrió a tres cuadras de mi casa; fue Halloween de John Carpenter la primera película de este mundo sobre adolescentes solitarios y asesinos seriales con cuchillos que me acercó a un mundo de historias que estaban fuera de cualquier alcance o intención mía y que marcarían mi futura decisión de hacer películas.

Lo que recuerdo del día en que conocí a Michael Myers es esa sensación de pánico, vértigo y emoción que pocas películas me habían hecho sentir y de ahí en adelante el género se convirtió en un refugio personal que me acompaña hasta el día de hoy. Texas Chainsaw Massacre, Peeping Tom, Viernes 13 y Pesadilla en la CalleElm, entre muchas otras, ayudaron a que dicho refugio se haga cada vez más acogedor.

En términos estrictamente cinematográficos, la idea de Final Girl (Chica Final), desarrollada por Carol J. Clover, es algo que he intentado apropiar y utilizar en mi trabajo. Aunque a día de hoy pueda leerse como un elemento muy limitado en la construcción de personajes, el concepto de la sobreviviente final y su confrontación última contra el mal la considero un punto de partida fundamental en mis guiones.

Juan Pablo Richter/Director de cine

El proyecto de la bruja Blair

Tres montículos de piedra, la desaparición de un mapa, figuras de ramas entrecruzadas colgadas en los árboles, risas de niños perdidos en la noche. Son imágenes que nos remiten a la búsqueda de la bruja Blair por las Colinas Negras de Burkittsville, Maryland. Los protagonistas Heather, Josh y Michael tan fascinados como angustiados son guiados por una leyenda, que los impulsa a descubrir una casa abandonada en medio de la noche, donde se cuenta que la bruja Blair asesinó a niños que ahora parecen ser cómplices de la tierra marcada por la sangre y el misterio captado por la cámara cual testigo de la danza de las sombras donde no existen galones de sangre como utilería de la maldad, ni la parafernalia de sierras eléctricas o psicópatas que tienen a su madre en el cuarto de motel. Esta película independiente se estrenó el año 1999 que costó 60.000 dólares y recaudó 248.639.099 millones de dólares, siendo una gran sorpresa en taquilla, con el mérito de que a finales del s. XX el terror se hizo psicológico, entre la leyenda, el pseudodocumental y un guion que explora el silencio de imaginarnos el horror y el miedo mismo al vernos perseguidos por el misterio de lo desconocido.

Lourdes Saavedra Berbetty/Escritora

La casita del horror

No es una película, pero es en lo primero que pienso cuando escucho la palabra Halloween. “La casita del horror” es el primer especial de Noche de Brujas de Los Simpsons, la legendaria serie que lleva más de 30 años en el aire. En este episodio se prefiguran los elementos que, con los años, serían sustanciales y hasta marca de identidad de los especiales de terror: las abundantes referencias distintos productos culturales del género (principalmente cine, televisión y literatura) el formato de metarelatos (elemento que se fue perdiendo con los años), y la parodia -léase homenaje- constante a The Twilight Zone. Por demás está celebrar también la introducción en la que Marge, en un teatro de cortinas carmesí, advierte a los espectadores sobre el contenido del episodio, al estilo de la película Frankenstein, de 1931.

Este episodio, el tercero de la segunda temporada, consta de tres segmentos:

“La casa de las pesadillas”, que trata de una casa embrujada en la que abundan los lugares comunes de las casas embrujadas: cementerios indios, portales dimensionales, posesiones a los habitantes de la casa, techos altos y ventanas largas. Una casa embrujada que prefiere autodestruirse a vivir con los Simpson.

“Los malditos hambrientos”, una perfecta parodia a “To serve man”, episodio de The Twilight Zone, tal vez una de las mejores series de terror/suspenso que la televisión ha producido.

“El cuervo”, una gran adaptación del poema homónimo de Edgar Allan Poe. Quienes, como yo, vemos a los Simpsons desde la más tierna infancia, hemos conocido la oscuridad de Poe a través del humor de los amarillos de Springfield. Cosa buena saber desde pequeños que algo tan cotidiano como un ave que busca refugio en la noche puede generar terror despertando a los demonios que nunca más dejarán libre al alma atormentada del narrador. Un plus para los que vimos el doblaje latinoamericano: el poema que es recitado por un narrador, Homero y Bart convertido en cuervo, es una traducción que Julio Cortázar realizó a la obra de Poe.

Luis Carlos Sanabria/Escritor