Esta aventura de sobrevivir

Alguien escribió en Twitter que, si lo que vivimos es una película, el concierto del Grillo Villegas es la banda sonora de La Paz. Yo me animaría a ir más lejos: lo que nos ofreció el rockero fue la banda sonora de nuestra propia vitalidad en contra de este pequeño apocalipsis. Al menos así lo sentí yo la noche del pasado viernes, cuando con más de siete mil personas a la vez atestiguamos desde nuestras casas el recital que el músico dio desde la suya vía Facebook, una experiencia que hasta la redacción de esta nota tenía 143 mil visualizaciones y 18 mil comentarios de cuanto fanático de este ícono del rock nacional hay disperso por el mundo.

Acompañado en la sala por su singular gato Hermeto, “solos en la nave”,  superando él mismo dificultades técnicas, la postal del ex LouKass y líder de Llegas fue en realidad un espejo de nuestra soledad colectiva en tiempos de pandemia. Y el audio cerró a continuación este gran fresco de cómo vencer el enclaustramiento y conectar sentimientos comunalmente. Así pasó desde los primeros sonidos de su guitarra, transformada de pronto en péndulo sonoro del mundo. Un Grillo algo tímido y nervioso, con alguna experiencia de actuación por internet desde Buenos Aires hace cuatro años, aunque pregrabada, iniciaba entonces este viaje con un título que no pudo ser más adecuado: “Aburrimiento”.

A esos acordes que le pusieron alma al aislamiento le siguieron los de “Simple” y cierta cúspide ya con “Espejismo”, junto a “la más pedida”, la infaltable “Diamante”. Entre comentario y disculpa del rockero, vino después “Perdón y válvula”, con una letra nunca más potente: “Estoy matándome lento. Estoy rompiendo mi cuerpo. Yo necesito alguna explicación”. Y si “Desapareciendo” nos trajo ausencias y desesperanza, la síntesis de todo vino con “Alas”: “Yo no creo en mandamientos ni curas. Esa basura no puede ni reciclarse. Cada día, un día menos. Mejor disfrutemos esta aventura de sobrevivir”.

Todos fuimos Grillo y continuamos celebrando la virtual “unidad” de varias generaciones en torno a sus composiciones, así como alrededor de su mensaje: cuidarse, cero victimización y entender que en realidad somos privilegiados por tener un techo debajo del cual tocar u oír. La hora de ese privilegio culminó con la primera pieza ydel nuevo disco de Villegas, La música debe elevarnos, cuya gira de presentación fue cancelada el año pasado ante los conflictos que sufrió Bolivia.

Sin saber cuándo volverá a pisar un escenario, el Grillo procedió a regalarnos su arte, como lo han venido haciendo muchos otros artistas bolivianos, entre ellos El Papirri – Manuel Monroy Chazarreta y Willy Claure, por mencionar a algunos de los más representativos de un sector que, muy afectado desde la crisis de octubre y noviembre, ha quedado en ascuas por la incertidumbre sobre su trabajo.

Qué país diferente fuera este si cuidáramos a nuestros creadores. Si por ejemplo en esta coyuntura el Estado compraría los derechos de sus discos, películas, libros y obras para difundirlos de manera masiva entre una comunidad ávida de reconocerse en ellos, como jamás pasó con tal sed, habrían ganado un montón de legitimidad quienes hoy pretenden combatir una enfermedad principalmente con represión.

Soñar no cuesta. Mientras, revivamos en este enlace la experiencia:

Posted by Grillo Villegas Músico on Thursday, March 26, 2020

Periodista – Twitter: @SergioDelazerda