El silencio permite escuchar

“Después de los incendios del 2019 en la región era muy difícil ver un colibrí, ese hecho me parecía signo de un desorden peligroso. Hoy han regresado. Junto a las grandes mariposas de color negro, naranja y blanco hay mariposas mucho más pequeñas, amarillas y blancas. Las cigarras que solo conocí de niña vuelven a cantar desde la alta copa del gomero, al atardecer alzan su voz”, escribe la poeta Vilma Tapia Anaya en este texto inédito y exclusivo para la Ramona.

Vilma Tapia Anaya

 

Una gran amiga me regaló hace meses una pequeña planta del arbusto de mariposas. Ahora está muy crecida. El algodón que tiene atrae mariposas grandes como las monarcas del día de los muertos de México. Durante estos últimos meses el jardín se ha llenado de esas mariposas. En México dicen que los muertos viajan en las alas de las mariposas para llegar a los altares. Mi casa tiene altares. Hice altares para recordar a Dios. Los adorno con flores y cosas bellas que recogí en los caminos, piedras, conchas, tejidos. Otra de mis grandes amigas me trajo justamente desde México un colibrí de cristal de colores. Está en mi altar principal, que representa para mí una kuñja. Kuñja es un vocablo sánscrito, se refiere al lugar donde un bosque reverdece en toda su amplitud, esplendor y posibilidades, es morada de acontecimientos sagrados que ocurren de manera permanente y eterna. Es lo que espera.

En México, para el Día de los muertos aparecen millones de mariposas. La gente las aguarda y las recibe como si fuesen familiares o personas cercanas que murieron. Cuento las mariposas que revolotean sobre el arbusto en mi jardín y pienso que no he despedido a tantos familiares. Pero también pienso que los muertos de estos días son, claro está, cercanos a mí. Contemporáneos míos, personas con las que de una manera y otras he convivido en el presente histórico. La experiencia que estamos viviendo ha restituido en nosotros el sentido de unidad con el mundo entero. Mis contemporáneos son también próximos a mí, pues la existencia se da en una dimensión espacio temporal. Hablo con amigos muy queridos de India, Bélgica, Austria, Suiza, Uruguay, México, Panamá, Venezuela, Chile… Todos estamos concentrados en salvar la vida día a día. Estos cuidados cotidianos para salvar la vida tendrán alguna reacción, será incontenible.

Después de los incendios del 2019 en la región era muy difícil ver un colibrí, ese hecho me parecía signo de un desorden peligroso. Hoy han regresado. Junto a las grandes mariposas de color negro, naranja y blanco hay mariposas mucho más pequeñas, amarillas y blancas. Las cigarras que solo conocí de niña vuelven a cantar desde la alta copa del gomero, al atardecer alzan su voz. En la prensa leímos que las playas de Palawan, en Filipinas, se han llenado de pequeñas medusas rosadas, miles de ellas. Una nota mencionaba el nombre de uno de los pescadores que atestiguó que nunca había visto un fenómeno igual, Alimar Amor. Estas playas han vuelto a ser el lugar donde vive y se desplaza la gente local como Alimar Amor, no hay turistas. Hecho que me hace recordar un texto de La piedra imán de Jaime Saenz, resuena en mí a diferentes horas del día: “… y por eso, a veces caminaba procurando no hacer ruido,  / y por eso evitaba en lo posible mirar mucho rato las cosas del mundo, / y solazarme en el campo… Y por eso, muchas veces, con mucha pena, me abstenía de contemplar una gota de rocío./ Para no molestar al mundo. / Porque si molestaba al mundo, seguramente me sentiría muy incómodo, y aun avergonzado… “. Además de cuidar de nuestro cuerpo, de la salud de nuestro cuerpo, de la salud de la gente que amamos y de nuestros prójimos, estos días de aislamiento y encierro nos están permitiendo cuidar del mundo y de las cosas del mundo. Hacemos Reiki para la tierra entera. Hemos vuelto a hacer pan. No desperdiciamos ni un grano de arroz. Nuestra energía ha dado un gran giro en su desplazamiento, aun evitamos hablar alto o hacer ruido. Mis vecinos son jóvenes, tan jóvenes que tienen hijos pequeños, se han permitido escuchar música a un volumen alto solo los domingos, por unos minutos, canciones que pretenden levantar los ánimos de ellos mismos y de la gente del barrio. La mayor parte del tiempo hablan bajo. Hay silencio. Y muy de rato en rato la voz dulce de una niña que pregunta por lo que está pasando. Cautamente, su papá la tranquiliza relativizando la gravedad de la situación.

Otra amiga del alma me contó que muy cerca de su casa vive una mujer muy pobre, tiene un hijo con alguna discapacidad mental. Mi amiga se acercó a ella, estos días, la miró. La mujer le contó que cuando sale a trabajar, deja a su hijo solo. Ahora puede quedarse con su hijo pero no sabe si la gente para la que trabaja le dará el dinero correspondiente al mes. Analistas del mundo entero anuncian el descalabro económico que viviremos, han mencionado el turismo, vuelvo a él, esas playas a las que pueden llegar solo un tipo de turistas también están vacías. Es evidente que esta experiencia ocasionará un gran remecimiento también en la economía. Pero debemos entender que la economía no es sino la administración del capital. Hay ingente capital en el mundo. Capital como dinero, objetos, bienes, mercancía. Será tiempo de que los grandes millonarios hagan buen uso de lo que tienen, comprendiendo que la injusta jerarquización del trabajo ha dado en demasía a quienes trabajan invirtiendo los mismos tiempo, energía y capacidades particulares que otros invierten recibiendo muy poco. Esos grupos que reciben millones en meses -haciendo lo que hacen, la calidad de lo que hacen no está en duda-, deben comenzar a ayudar aligerando las necesidades que tiene la gente que recibe miserias por su trabajo, y la razón más simple para esto es que ningún humano sobrevive sin la presencia real de los otros. La cooperación no se realiza solo entre industriales, por dar un ejemplo, la cooperación se da entre industriales, obreros, consumidores y otros. La cooperación no se da exclusivamente entre los miembros de un equipo de fútbol, se da entre ellos y los millones de hinchas del mundo entero. Como explica Amartya K. Sen en La libertad individual como compromiso social: “[L]os compromisos sociales se fundan en el reconocimiento de la interdependencia entre las existencias de los diferentes miembros de una sociedad, lo que implica obligaciones recíprocas en sus relaciones económicas, políticas y sociales”. Ningún billonario inversionista podrá sobrevivir sin la existencia cooperativa de la gente que antes no miraba, pero que ahora está comenzando a mirar. Podemos esperar que esta crisis nos lleve a refundar los compromisos sociales.

Creo que así como los colibríes regresaron, se abrirán las arcas y no para quedar vacías, la sobreabundancia concentrada en ciertos sitios empezará a fluir por doquier, es un momento crucial en la historia de la humanidad; la inteligencia, la compasión y la libertad individual se adelantarán aun a las políticas públicas estatales. Escribo todo esto porque escuché, hay algo muy bello que está comenzando a resonar en el lenguaje, por la tierra entera se está hablando de ternura, de solidaridad, de servicio, de paciencia, de cuidado, de responsabilidad, de contención, de austeridad, de aceptación del misterio. Y de Dios. Es evidente que mucha gente está recibiendo ya noticias de lo que se hará clara presencia.

Poeta - tapianaya@gmail.com