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“Donde hay un muro por delante y por detrás

abundan la murmuración,

la envidia y la conspiración mutua”

(Rabelais Gargantua)

Hace algunos días este escritor Freddy Ayala falleció, en un año marcado por la pandemia, las próximas elecciones presidenciales y el estado de incertidumbre cotidiano. Esta reseña es una manera de homenaje a este narrador, que logró plasmar el imaginario urbano de mediados del siglo XX.

La novela El secreto del conventillo del escritor y pintor Freddy Ayala Vallejos es un relato minucioso, descriptivo y melancólico que nos transporta por la paradigmática década de los cincuenta, marcada por la revolución nacional, las dramáticas historias respecto a las milicias, los cupos, las tardes de cine y paseos en bicicleta en la ciudad de Cochabamba.

Con una depurada ambientación del conventillo, que representa una urdimbre de historias de “El Castillo” como documento espacial del proceso de urbanización y tugurización que experimento el Cercado a mediados del siglo XX retrata: “vecinos sin fronteras de calles ni plazas, no había timbres que tocar, no era necesario pedir permiso para visitar a nadie, bastaba caminar unos pasos para estar en otra vivienda” con un relato coral de la vida de los “once”, las desventuras amorosas de Selva y Rafito y un aire de ingenuidad e inocencia interrumpido por la malicia del mundo adulto. Estas características logran que Freddy Ayala Vallejos, quien ya destacó en la narrativa con su libro Salmuera Telúrica, Rueda de Humo, o sus poemarios Astral o Hebra de Humo y con El Secreto del conventillo obtenga el IV Premio Nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz” el año 2010.

Los elementos que destacan en este libro galardonado son: La posibilidad de conocer las vivencias infantojuveniles de una generación que enfrentada a la incertidumbre del nuevo proyecto de “nación” “Ahora se echaba llave a las puertas de nuestras residencias. El castillo se llenó de fantasmas más que nunca”. La apuesta narrativa de este escritor se aleja de la novela histórica tradicional como género solicitado para abordar sus inquietudes, entonces tiene una manera casi testimonial de plasmar y construir personajes como “El pelucas” un miliciano que empieza a torturar y acechar a los vecinos, Abdala confidente del pelucas pero simultáneamente amante de su mujer, o Jaime con su pasión radiotécnica, estos sujetos nos revelan la condición humana, que denota la elección del intimismo vecinal para contarnos la historia con minúscula, esa que tiene su veracidad en la vida cotidiana, no solo en los grandes acontecimientos de la HISTORIA oficial boliviana.

Otro punto a favor es el manejo del lenguaje, para debatir el futuro del  país y la comidilla de chismes alrededor del conventillo. Lo coloquial es un recurso para describir los secretos que angustian y estimulan a sus habitantes, ya sea la Radio clandestina, los operativos de la UTCH o los amores clandestinos, que de manera similar a la novela de Adela Zamudio Intimas, vemos como la política del chisme es también una forma elocuente de tejer-destejer historias.

El final de la trama es un tanto predecible, no puedo asegurar que sus personajes tienen el desenlace que se merecen. La muerte, la novela policial, la tragedia o la epistemología de la desventura no son la meta final de este relato. Lo que nos ofrece Freddy Ayala es la sumatoria de historias que buscan retratar una época, donde los héroes son los vecinos, los forasteros de lejanas tierras que llegan a esta ciudad, los comerciantes y las familias que detrás de sus paredes nos revelan: Los secretos del conventillo.

Escritora