Crónica de una noche en “El Mercado”

 

Para quienes somos unos ávidos descontentos de espacios snobs, donde artistas y asistentes viven una especie de “insoportable levedad del ser”, es una gratísima vivencia el encontrar en contadas ocasiones, con espacios culturales tan sui generis y creativos. Este fin de semana, me encontraba en la ciudad de Sucre deambulando sus calles y fui repentinamente atraído por la insinuante luz de un portón entreabierto de la esquina Olañeta, al acercarme vi que se trataba de un centro cultural con el sugestivo nombre de “El Mercado”, ingresé y un mundo de sorpresas se abrió para mí.

El lugar, tiene una original estética, murales pintados por artistas emergentes, vemos a un indio tocando la guitarra para despedir a una chola con su quepi cargado de libros y bombas molotov, y un grafiti que versa  La canasta familiar siempre encendió la chispa de la lucha, en el escenario un enorme rostro nos advierte que  Nuestro objetivo es resistir e incomodar… palabras que provocan curiosidad y asombro en una ciudad caracterizada por mantener “buenas costumbres”.

Los creadores de este espacio Carmen Julia Heredia y José Alberto, este además fundador y vocalista de la legendaria banda de rock La Logia, me tratan con sincera hospitalidad y mientras degusto una caserita (brebaje de singani con yerba buena), conversamos sobre la historia y concepto de su centro.

Desde su visión, en los mercados encontramos diversidad de personas y trabajos,   alimentos, libros, artistas callejeros se mueven al compás de los ritmos musicales de las radios y las voces de las caseritas. Un mercado, encarna la contradicción de esta sociedad de ricos y pobres, son la balanza donde el peso de los tomates, cebollas y papas, mide también a un gobierno, por eso, un pueblo cocina allí tiempos de calma o rebeliones.

Como vemos, el nombre indica una forma de concebir el arte y la cultura en medio de las luchas sociales y políticas. Me siento a mis anchas, no me canso de observar los objetos artísticos, una pollera del escenario desde donde sale una luz amarilla que ilumina a los artistas, los banderines, re-significados con temas feministas, y comprendo la sensación descrita por uno de los parroquianos al afirmar que “cuando vengo al mercadito, siento que me encuentro en el quepi de mi madre”.

Mis guías me regalan su boletín bimensual llamado “La Yapita”, allí me entero que por el Mercado han pasado artistas e intelectuales de renombre como Luis Tapia, Alisson Spedding o el cineasta Marcos Loayza, pero también artistas que no encuentran espacios que los cobijen.

Los talleres propuestos por El Mercado, tienen la lógica de “hazlo tú mismo”, también me asombra que los escenarios no se reducen al interior del espacio, sino han usado los balcones y las paredes exteriores de su centro, “para que el arte de un instante de reflexión, felicidad e interpelación a mayor cantidad de gente”.

Para esta noche, han preparado una interesante exposición sobre “el aporte de las mujeres a la revolución rusa”, la cual termina con una intervención artística, la que para da paso al concierto acústico de La Logia, que esa noche tenía como invitado al guitarrista clásico cochabambino Richard Trewhella y al ballet Capezio de Sucre.

El Mercado está abarrotado de gente, todos cantan al unísono las canciones, yo me sumo al festín artístico con los aplausos, ¡es una muchedumbre de voces alegres y hermanadas por lo que este espacio sabe generar…! Me voy del Mercado muy tarde, pero contento, estoy contento por la experiencia del arte que sale de las paredes de este interesantísimo recinto cultural de Sucre. ¡Salud al Mercado en su segundo año de vida!

 

Ramiro Montecinos Guzmán

Psicólogo, escritor y artista plástico