Dieciséis regalos culturales de 2016

No es un anuario, tampoco una evaluación juiciosa, menos una revisión completa de los hitos culturales que dejó el año que se acaba. Es apenas una selección caprichosa de 16 momentos vinculados al quehacer creativo que, a criterio de este suplemento, dejaron una feliz huella en Cochabamba y el país, y merecen recordarse. En fin, hoy es Navidad y estos son nuestros regalos: 16, como los primeros años de este milenio.


UNO: La flor del Alto Perú

Coincidiendo con las efemérides de Chuquisaca, el 25 de mayo se estrenó en el país la esperada nueva película de Jorge Sanjinés, Juana Azurduy, guerrillera de la patria grande, basada en la vida de la heroína chuquisaqueña Juana Azurduy.

La película de Sanjinés arranca en 1825, en un capítulo poco conocido en esta historia repetida hasta el agotamiento: la visita que hicieron los Libertadores Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, José Miguel Lanza y el Estado Mayor del Ejército Colombiano a Juana Azurduy en su casa de Chuquisaca de la recién fundada Bolivia para rendirle honores y reconocerle sus sacrificios por la libertad y la independencia logradas. Juana (Mercedes Piti Campos), desde la intimidad de su modesta casa, en una serie de flash backs les narra a sus visitantes los logros y peripecias que vivió junto a varios combatientes montoneros de la guerra de republiquetas y recuerda a los personajes que fueron parte de esa lucha, incluyendo a los menos conocidos: indios, caciques, mujeres. En una narración que intercala los planos en interiores (casa de Juana) con los exteriores (campos de batalla, la casa de sus padres, ciudades y campos) la película rehúye al centrado cinematográfico en el personaje de Juana.

La película nos trajo una versión renovada de un capítulo de nuestra historia y tuvo el detalle de regalarnos una de las cuecas más significativas y conmovedoras de la pantalla del cine boliviano, la que bailan, en plano secuencia, Juana Azurduy y el libertador Simón Bolívar hacia el final de la película. (Alba Balderrama)


DOS: La mirada de Leila Guerriero

Tan difícil como que tu escritor favorito del mundo mundial llegue a Bolivia es dejar de leer los textos de la periodista, escritora de crónicas y perfiles Leila Guerriero. En un texto publicado en el periódico español El País, Juan José Millas dice que Leila Guerriero “tiene cara de india, ojos de india, cabellera de india… No india de India ni de ningún otro sitio, sino india del espíritu. Una india metafísica, diríamos, en lucha perpetua contra los americanos. Y tampoco hablamos de los americanos de América, sino del arquetipo que se desprende de las películas del Oeste. Los americanos de la india Guerriero son los adjetivos fáciles, los sustantivos obvios, las frases hechas, la sintaxis previsible, el orden gramatical dominante, el orden a secas”.

Esa periodista argentina, nacida en Junín en 1967, estuvo Santa Cruz el 1 y 2 de junio, invitada por la Fundación Cultural Pedro y Rosa y el periódico El Deber, para dar un taller sobre periodismo, coincidiendo con las actividades de los organizadores en la XVII Feria Internacional del Libro de Santa Cruz.  Su nombre, Leila Guerriero, es una referencia obligada de lo que se conoce como periodismo narrativo, crónica y perfil, pero, sobre todo, es una escritora con una coherencia a prueba de modas, de tiempo y de lugar, que ha sabido ser fiel a su mirada única e intensa sobre los hechos. Una vez que te acercas a los hechos a través de ella, la realidad no volverá a ser ni plana ni simple ni estéril. (AB)


TRES: El radical José Luis Guerín

El cine este año recibió grandes emociones. Una de las más audaces y emotivas fue la llegada del cineasta español José Luis Guerín (Barcelona, 1960) a La Paz, donde presentó su más reciente filme La academia de las musas (2015), inaugurando el tercer Festival de Cine Radical el 4 de septiembre en la Cinemateca Boliviana. Luego de la proyección del filme, el público pudo conversar con él sobre su particular forma de producción y, más importante aún, su mirada sobre el cine.

En 2010, Guerín estrenó su película Guest (Invitado), que es el registro de un año entero que pasó como invitado en festivales de cine. Pero con Guerín las cosas siempre tienen muchos planos, muchas capas que se funden y que exploran en el pasado y en la memoria. En el filme y en la vida era un invitado a los festivales, pero también un invitado en otras tierras, en otras culturas, otros idiomas. Y muy a menudo como él mismo dice, “eres invitado a sus casas, sus barrios, sus vidas privadas y sus historias”. Como invitado del Festival Radical seguramente ha filmado y escrito sobre sus anfitriones, sobre nosotros, sobre el país, y esa es una mirada de nosotros mismos que siempre se agradece viniendo de un cineasta que sabe empalmar la ficción con el documental de maneras siempre íntimas. (AB)


CUATRO: La Nana y su cineasta

Es la empleada de la casa, le dicen Nana, pero es la empleada -cama adentro-. Le dicen Nana y se llama Hilaria Huaycho. Ha trabajado para la familia de la joven Luciana por más de 40 años en La Paz y la ha criado como a una hija, su “hija postiza”. La hija postiza es la directora del documental Nana, se llama Luciana Decker (23) y ha filmado a Hilaria en la intimidad de su casa, de su territorio. Luciana, sin quererlo, como muchos estos días, ha hecho política.

Nana es un documental íntimo y conmovedor que cuenta la silenciosa y recelosa lucha de dos hijas -una legítima y una postiza- por el amor de una madre, la madre Hilaria, la Nana. Una lucha que no se ve, solo se oye, se intuye. Es la versión minimalista de la lucha de clases representada en la relación criados y señores. Una lucha librada, en la película, a plan de lenguaje.

Esta película íntima ahora es parte del imaginario del cine boliviano que pocas veces se ha visto impregnado tan fuertemente de la mirada femenina. Nana se estrenó en el Festival de Cine Radical, en septiembre. (AB)


CINCO: El cine sensual de Claire Denis

En el marco del Festival Internacional Alucine, que se celebró en La Paz del 14 al 21 de octubre, con un programa que incluyó obras galardonadas en festivales internacionales y la presencia de directores de ocho países, la directora francesa Claire Denis fue una de las estrellas cinematográficas que honró el Alucine con su propio brillo, con una charla magistral y la presentación de su película Los bastardos (2012) en la Cinemateca Boliviana.

El cine de Denis es reverenciado como el más distinguido del cine de autor contemporáneo europeo. A través de sus 12 películas, varios documentales largos y una serie de cortos y segmentos de televisión, Denis examina los límites que se extienden entre blancos y negros, niños y adultos, colonizador y colonizado, hermanos y hermanas, soldados y comandantes, con una distancia, con un estilo visual sensual único en el cine. Su cine habla de los bordes que marcan la diferencia en un intento por rearticular la representación dominante de la raza, la identidad y el género.

Denis nació en Paris en 1948, pero su infancia la vivió viajando a través de Francia y África con su familia. En sus películas la gente va a la deriva, moviéndose, viajando sin parar. Sus personajes son seres en constante movimiento, buscando o escapando de algo, todos tienen solo boleto de ida. (AB)


SEIS: Marcelo Suaznabar y el tiempo

Una de las muestras de arte más importantes de este 2016 fue la del artista boliviano Marcelo Suaznabar, que presentó una exposición de influencia surrealista y colonial denominada Negociando con el tiempo, en Cochabamba, Santa Cruz y La Paz. Y si hay algo que acompañó el montaje de esta muestra es el tiempo. Después de 16 años viviendo y pintando en Canadá, Suaznabar regresó para presentar su trabajo con la excelencia que ha alcanzado. Como en muchos de sus cuadros que datan de los ochentas y noventas, los relojes siguen presentes en sus cuadros, así como otros elementos que marcan el paso, el advenimiento o la desaparición del tiempo: los huevos, las calaveras, los huesos.

Muy influenciado por lo onírico, los cuadros de la muestra nos trajeron seres fantásticos, animales con rostros humanos, humanos con cuerpos de animales, pelajes imaginados, espacios destinados a estos seres y a la imaginación que sale de los sueños más profundos del artista y de sus influencias en su temprano acercamiento a la pintura en Oruro: “De niño frecuentaba constantemente el Museo Simón I. Patiño en la ciudad de Oruro y me fascinaba ver su colección de pinturas y objetos de arte. Más adelante fueron la obra de los pintores del barroco colonial con sus características, elementos y alusiones en las colecciones de los museos de Santa Teresa y de La Casa de la Moneda en Potosí y el entorno de la ciudad de Oruro que definieron un comienzo en mi carrera”. (AB)


SIETE: La vida imaginada de César Aira

En agosto, la ciudad de Cochabamba recibió a uno de los escritores más importantes e interesantes e inventivos del mundo literario, César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949). El pretexto para su llegada fue la invitación al novento Encuentro de Escritores Iberoamericanos organizado por el Centro pedagógico y cultural Simón I. Patiño. En medio de rumores y clamores para ser proclamado Premio Nobel de Literatura, Aira llegó con su mundo literario, inagotable y único, para una vez más imponerse. ¡La invención al máximo de su potencia!, como dice el lema airiano.

César Aira podría haberse inventado todo, su vida, su niñez, su literatura, su país, sus congresos de literatura, sus festivales de cine, haber nacido de un gran huevo como una rara avis, pero a nadie debiera importarle porque la inagotable invención de la que es capaz en sus libros, el excentricismo e inteligencia con que los aborda los convierten en un himno para los lectores que reza: “Es posible una vida imaginada, ese poder está dentro tuyo”.

Que mayor existencia que esa: percibirse nuevo, recién venido al mundo como si viniera de ese gran huevo. Creer que los relojes derretidos de Dalí nos marcan un tiempo distinto, posible y que nos lo estamos perdiendo. Nada es una idea descabellada después de leer a Aira, leerlo nos da ese poder: el de confiar en la invención y despertar del gran sueño al grito “la gente tiene el poder”, como dice la canción de Patty Smith y como canta César Aira. (AB)


OCHO: El gallo negro de Illya Kuriaki and the Valderramas

Por increíble que parezca hay pocas ocasiones en que se puede decir que en Cochabamba sí pasan cosas y cosas grandes. Por eso cuando se anunció que la banda argentina Illya Kuryaki & the Valderramas, IKV su sigla, llegaba a la ciudad con ese su mestizaje musical de rock, funk, hip hop, rap y soul, mi cabeza empezó: “Welcome to the jaguar house, welcome to the jaguar house. Felina llaga, voz de más allá, el grito de un tigre que va explotar, sorpresa, la jaula no existe más, ya todo es fiesta en la casa jaguar”. Y mi cabeza se entrometió: ¿será? ¿Los IKV en Bolivia, en Cochabamba? No creo, seguro pasa algo.

Y si pasa. El día previo a su concierto en Cochabamba, el viernes 9 de septiembre, tocaban en el Coliseo Don Bosco de La Paz, pero horas antes del concierto el show se canceló por “fallas técnicas”, según anunció la productora Rock & Pop Magazine, encargada de la organización de los conciertos en Bolivia que aprovechó la gira del más reciente álbum (el octavo) de los IKV denominado, también con otra sigla, L.H.O.N. La Humanidad o Nosotros. Y recé: Nosotros, por favor Nosotros, que lleguen a Nosotros, a la Jaguar House. El sábado 10 en la mañana se confirmaba el concierto: Hotel Regina, siete de la noche a Tiquipaya, en mi auto. De ida, cantamos en el camino, hacemos memoria: “abarájame la bañera nena, abarájame en la bañera nena”. Harta memoria: “Todas las hojas son del viento”. El hijo del Flaco Spinetta, del gran chamán, nos espera con su banda, es lo más cerca que podremos estar de esa luz que fue el Flaco ahora que se fue volando como un águila amarilla. Para cuando estábamos en el auto, yo ya había escuchado unas 70 mil veces esa belleza de canción que parece una oración de góspel mezclada con R&B, una guitarra salida de los campos de algodón del sur de Estados Unidos y las cortantes y dolorosas anotaciones de los retablos de Frida Kahlo: “Un águila amarilla de su lágrima salió volando, trazando con polvo de oro el cielo del cual te hablo”. Un águila amarilla y un gallo negro trajeron los IKV, el concierto más memorable del año. (AB)


NUEVE: La Perra Gráfica: libros como ladridos

Este año, en las tres ferias de libros más importantes del país, Cochabamba, Santa Cruz y La Paz, salieron al encuentro del lector tres libros como ladridos, creados y editados por la Editorial Perra Gráfica, un grupo de artistas visuales reunidos en un “centro de producción y difusión de las artes gráficas en Bolivia”.  Más allá de realizar grafitis, stickers, cuadros, serigrafías, su obra más interesante está en la publicación del libros –objeto realizados de manera artesanal, con un alto nivel de diseño e impresión en serigrafía, tal como ya lo hicieron con Flores, Mario Bellatin, hace unos años.

Este año salió a la luz una serie de tres libros de jóvenes escritores de Santa Cruz: Génesis 4:12 de Adhemar Manjón, Temporarias de Emma Villazón y Desvelo de Saúl Montaño. Estas ediciones especiales de Perra Gráfica son gestionadas por un grupo en el que participan Antonio Vera, Fabiola Varnoux, Pamela Mercado, Marco Tóxico y Daniela Rico. (AB)


DIEZ: Viejo Calavera y sus lecciones de oscuridad

Uno de los estrenos de cine boliviano más esperados de 2016 fue el primer largometraje del colectivo Socavón Cine, dirigido por Kiro Russo, Viejo Calavera, que llegó a las salas comerciales del país el 8 de diciembre. Estuvo dos semanas en cartelera, lo que no es un logro menor para esta película de apariencia austera, producida por Pablo Paniagua, Gilmar Gonzales y Russo, y coescrita por estos dos últimos. Pero lo cierto es que, detrás de su aparente austeridad logística, técnica y discursiva, Viejo Calavera es una cinta ambiciosa. Al igual que las minas en que se sumerge, explora y explota diferentes vetas, que amplían y enriquecen su interpretación.

Viejo Calavera es un filme que ensaya una inmersión en la oscuridad que visualmente materializan la noche. Es innegable la capacidad de la fotografía de Paniagua para introducir al espectador adentro de las minas, al punto de hacerle sufrir su fuerza opresiva y sus picos de temperatura. No menos decisivo para la redondez formal del filme es su sonido, pocas veces tan creativamente aprovechado en el cine boliviano, en este caso para subrayar la atmósfera escalofriante de los parajes en sombra que recorren los personajes. De su oficio en el montaje puede hablar esa magnífica secuencia que revela el funcionamiento de las tripas de la mina: esa bestia de explotación industrial que deshumaniza a todo el que toca y en la que el hombre es apenas un engranaje más.

La puesta en escena de la oscuridad en Viejo Calavera es capaz de descubrirnos una belleza que desconocíamos o habíamos olvidado. Una oscuridad que nos remite a la condición primigenia del cine: la promesa de un rostro por iluminar, de un paisaje por ver, de un mundo por descubrir. (Santiago Espinoza A.)


ONCE: Giovanna Rivero sin sombra

Llegó a Bolivia, a dos años de su publicación en el exterior, la novela de Giovanna Rivero 98 segundos sin sombra, gracias a la editorial El Cuervo. Esta novela está impregnada del aire, la humedad pegajosa del oriente y de un talento marcado a fuego. Se desarrolla en Montero, Santa Cruz.

Montero es una población intermedia, “muy progresista”, como dice orgullosamente la página web del Gobierno Autónomo de Santa Cruz acerca de su municipio-ciudad. Montero se llamó Montero recién en 1912, en honor al Coronel Marceliano Montero. Para Giovanna Rivero, hija de esas tierras, Montero se llama Therox y “Marceliano, sordo, ciego y mudo, permanece montado en un caballo que relincha eternamente, con los cascos desesperados”. Therox es un pueblo-isla del que hay que irse rapidingo antes de que la selva lo pudra y estrangule todo, hasta la palabra. Para los que se fueron a estudiar a Brasil o Argentina y volvieron de vacaciones o de paso, Therox se llama el Culo del Mundo.

Es now or never. Del Culo del Mundo es que Genoveva, el personaje de la tercera novela de Giovanna Rivero, quiere irse con unas ganas punk. Dejar Therox, dejar a su madre zombie, a su padre y su tristeza inútil, dejar su  propia sombra, porque “la sombra es destructiva”, irse para ser otra, porque lo que se ve, lo real, la está matando. 98 Segundos sin sombra está narrada en primera persona por Genoveva, una joven a punto de terminar el colegio de monjas opresoras junto a una única amiga, Inés, que también quiere irse. Es la historia de éxodo como la única manera de encontrar de nuevo el equilibrio. (AB)


DOCE: Mariana Enríquez en la Feria del Libro de La Paz

Un presagio del mal por venir, ese es el mundo de Mariana Enríquez. Un mundo lleno de historias de terror, sombrías y hondas, que se desarrollan en barrios de Buenos Aires y provincias de su Argentina. Una Argentina que después de Enríquez ya no podrá dormir tranquila, porque en los ríos contaminados, en las casas abandonadas de familias ricas, en sus calles oscuras, en edificios donde hacían cosas a los desaparecidos se esconden asesinos de nueve años, hikimoris, muertos que vuelven a la vida, fantasmas, voces que hablan en las cabezas de las adolescentes y les dicen que hagan peores cosas, todo en un aparente silencio y normalidad.

Esa inquietante escritora que ama visitar cementerios y escribir historias de terror que te afecten físicamente fue una de las invitadas especiales de la renovada XXI Feria Internacional del Libro de La Paz. Allí dio una charla presentada por el escritor boliviano Maximiliano Barrientos. Enríquez ha publicado varios libros, es subeditora del suplemento argentino Radar de Página 12 y figura en varias antologías. A sus 21 añitos publicó Bajar es lo peor (1995), luego vinieron otros libros: Como desaparecer completamente (2004) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016) que será traducido a 15 idiomas. (AB)


TRECE: Francesca Berlingieri Mxell y su Fantastic Mr. Fox

Francesca Berlingieri Maxwell (Italia, 1961) es el nombre de la Directora de Arte que estuvo en Cochabamba como invitada especial del III Taller Latinoamericano de Stop Motion (TLSM), organizado por Celeste Estudio. Francesca se pasó, como Directora de Arte, dos años y tres meses antes de 2009, imaginando, creando, dibujando, pintando y supervisando la construcción de 96 sets, escaleritas, ladrillitos, farolitos, granjitas, botellitas, supermercaditos, periodiquitos, lapicitos, conejitos, telefonitos amarillos, pasamontañitas, arbolitos, ardillitas, ratitas, hombrecitos malitos, zorritos, ropitas para los conejitos, ardillitas, ratitas y hombrecitos malitos y, en especial, un zorrito con un refinado trajecito de dos piezas hecho de corderoy (pana) amarillo llamado Mister Fox. Conocer en un taller de animación stop motion, o Stop Motion Animation, a la Directora de Arte de Fantastic Mr. Fox (2009), la sexta película, y la primera animada en stop motion, del director Wes Anderson, no puede, ni debe, ser una casualidad menor. (AB)


CATORCE: Festival de Cine de Cochabamba “con mucho gusto”

Que un festival de cine sea gestionado, imaginado y movilizado por los propios trabajadores de la imagen, organizados en colectivo denominado La Red de Creadores y Autores del Cine y el Audiovisual de Cochabamba, es un acontecimiento que pocas veces se consuman. De esa manera apasionada y comprometida es que llegó a Cochabamba del 27 de octubre al 5 de noviembre el primer Festival Internacional de Cine de Cochabamba, dedicado en esta versión al cortometraje.

Durante 10 días el Festival desplegó en salas alternativas, centros culturales, plazas y calles una selección de 21 cortometrajes de la selección oficial internacional cuya premiación se realizó en la jornada final, con la presencia masiva de jóvenes realizadores y cineastas que participaron en la Maratón de Cortos.

El Festival apostó por la formación y actualización con talleres y clases magistrales en distintas áreas de la cinematografía y el audiovisual concebidas para desarrollar la industria fílmica local y crear nuevos espacios formativos.

Armado del eslogan “un festival con mucho gusto”, el Festival congregó alrededor de su mesa a invitados especiales que compartieron con el público y los realizadores. (AB)


QUINCE: Barriga va al cine: La última navidad de Julius

El cine boliviano de 2016 no se redujo a Viejo Calavera ni mucho menos. El buen balance de esta gestión es también mérito de Juana Azurduy, de Sanjinés, de Nana, debut de Luciana Decker, de los nuevos cortos de Carlos Piñeiro (Amazonas) y de Pablo Paniagua (Despedida). Y aunque no a muchos les suene, de La última Navidad de Julius, documental del cineasta tarijeño Edmundo Bejarano. Con apenas algunas exhibiciones dentro de Bolivia, este filme se lanzó a la edición 2016 del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), una de las plataformas cinematográficas más importantes del continente. Y su incursión fue de lo más provechosa: se llevó el premio Fipresci del festival y obtuvo una mención especial en su sección latinoamericana. Todo un suceso para una cinta que, incluso en el medio boliviano, parecía una rareza condenada a la marginalidad y al olvido.

Los galardones ratifican la buena estrella del poeta Julio Barriga, a cuya figura está dedicado el documental. Si su obra ha sido (re)descubierta y releída en los últimos años, gracias a la editorial El Cuervo, con este filme bien podría aspirar a la leyenda y al culto. Más allá de estas conjeturas, este trabajo debería ser una invitación para seguirle la huella a Bejarano, un cineasta boliviano afincado en el exterior que, con una discreción admirable, viene construyendo una filmografía insólita para nuestro cine (¿alguien que no sea Fernando Barrientos ha visto sus retratos de Fabián Casas y Washington Cucurto?) y contribuyendo a su necesaria visibilización afuera del país (SEA).


DIECISÉIS La nacionalización literaria de El Cuervo

Algo extraño está pasando con la literatura boliviana de los últimos años. Parece estar dando señales de curarse de su crónica insularidad, que históricamente le ha impedido ser más y mejor leída fuera de nuestras fronteras. La soledad de Edmundo Paz Soldán en el panorama literario internacional se ha roto con la irrupción de una camada de escritores –nuevos o no tanto- que han despertado el interés de editoriales internacionales (de España y Argentina, sobre todo). Nombres como Giovanna Rivero, Rodrigo Hasbún, Maximiliano Barrientos o Liliana Colanzi han empezado a poblar los catálogos de casas editoriales de la talla de Random House, Eterna Cadencia o Periférica. Pero, a más de la celebración, esta creciente penetración de las letras nacionales en el mercado editorial internacional trajo consigo previsibles dificultades de acceso del público boliviano a la literatura de sus compatriotas editada en el exterior. Se sabía que les iba bien, pero no por qué o con qué. De eso se percató pronto Fernando Barrientos, cabeza de la editorial El Cuervo, que en los últimos dos años se ha dado a la tarea de conseguir acuerdos de edición que faciliten la lectura en el país de la literatura boliviana que brilla en el exterior. Tras sus aciertos de 2015, Los afectos (de Hasbún) y Una casa en llamas (de Barrientos), en 2016 apostó por las voces femeninas: Rivero y Colanzi. De la primera editó sus dos más recientes libros: 98 segundos sin sombra y Para comerte mejor, y de la segunda Nuestro mundo muerto, también publicados en el exterior. Si a este esfuerzo de nacionalización de las letras bolivianas le sumamos la compilación de la poesía (Cosechar tempestades) de Julio Barriga y la publicación de Rigor Mortis, el nuevo libro de crónicas de Álex Ayala, pues no queda más que agradecerle a El Cuervo por otro año de tan buena literatura boliviana. (SEA)